INFIERNO

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Imagen base de Mariano Villalba, Carnaval del Horror 

 

Las nubes negras cubren el cielo y lo oscurecen, las risas inocentes de los niños callan repentinamente y se oyen gritos angustiados. Los aromas a palomitas y algodón dulce se agitan ahora en un hedor fétido de vino agrio y de vómito insano que sacude mi estómago.

El sonido del carrusel se acelera, gira, gira, gira… cada vez más rápido, gira, gira… música de feria, notas desafinadas, gira y gira…

El gentío que hace un momento parecía divertirse en el parque de atracciones, se ha convertido en una horda de sombras que se mueven, que me acechan en la oscuridad, que vigilan con sus ojos sin cuencas, miradas vacías y sonrisas podridas, siniestras… y giran…

… Y giran… y giran…

Las sombras giran y giran bailando al ritmo de esa desafinada danza macabra del carrusel de la muerte.

La carcajada corta el aire como si el filo de una cuchilla cortara la carne. Las sombras se detienen. El grotesco arlequín se ríe con esa mueca roja de sangre dibujada sobre el blanco de su rostro. Extiende su garra de uñas afiladas hacia mí, y su otra mano señala hacia el letrero luminoso, luces rojas y amarillas de fuego de neón sobre la caseta de feria:

INFIERNO

 

En mi mano temblorosa sostengo el ticket de la entrada. Está manchado de algo pringoso. Son mis manos las que están sucias y pegajosas. La sensación de náusea aumenta, la opresión en el pecho me impide respirar, estoy a punto de perder el sentido, pero aun así, con paso vacilante me dirijo hacia la portilla de acceso.

-¿Sabes lo que te espera si entras? Si decides dar el paso, ya no hay vuelta atrás -el aliento del arlequín es repugnante, tanto como el brillo amarillo de sus ojos de mirada perversa inyectados en sangre.

Sangre.

Cierro los ojos, mareada. Abro los ojos. Todo es rojo. Rojo como la sangre, rojo como el vino tinto de tantas botellas vacías, como el agua de la bañera donde estoy sumergida, rojo como rojas están mis manos, pegajosas, manchadas de sangre.

No.Ya no ya no hay vuelta atrás. Lo supe desde el momento en que las risas de los niños enmudecieron en un coche que se estrella, y se volvieron gritos que aún taladran mis oídos como brocas.

Todo es rojo. Rojo como el fuego del infierno, rojo como la sangre.

La sangre de mis hijos.

La sangre de mis hijos que mancha mis manos. Con la derecha guío con decisión la cuchilla que vuelve a cortar la carne de mis muñecas, y la carcajada del arlequín vuelve a cortar el aire.

El grotesco personaje me sonríe en el parque de atracciones. Sí, sé lo que me espera si entro en el INFIERNO. Yo me lo he buscado. Es lo que me merezco. Con paso firme me dirijo hacia la puerta y le doy la entrada.

Ni el peor infierno tras mi muerte se podrá comparar a mi propio infierno en vida.

 

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MASCHERATA A VENEZIA

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 Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura
ché la diritta via era smarrita.
(Inferno Canto I. La Divina Commedia di Dante Alighieri)

 

Colombina

Venezia. La Serenissima

. No hay un lugar en el mundo con mayor encanto para los enamorados. Pasear en góndola por esos románticos canales a la luz de la luna junto a la persona amada es una experiencia que nunca se olvida. Es una ciudad mágica. Un derroche de lujo y esplendor en la semana de carnavales. Podría seguir alabando las maravillosas cualidades de la ciudad del amor, como el folleto turístico de cualquier agencia de viajes, pero prefiero ahorrarme más tópicos. Venecia es una mierda.

Sí, es cierto que es una ciudad muy bella. Bellísima. Su aspecto es soberbio, tanto que me abruma. No sé cuántos palacios, cuántos museos, cuántas iglesias he visto ya… Los nombres se me enredan y me confunden. Recuerdo la Basílica, la de los mármoles y mosaicos, columnas, arcos estilo árabe, la de los cuatro caballos de bronce del balcón; el Palazzo Ducale, con esos salones completamente cubiertos, incluso los techos, de obras grandiosas de Tintoretto, Tiziano, el Veronés. En la escalinata del Palazzo tuve que cerrar los ojos. Me mareaba y tenía que salir al exterior, de vuelta a la plaza San Marcos. Y es que tanta belleza duele, me corta el aliento. Venecia es tan bella que hace daño.

Noto que me falta el aire en esta ciudad agobiante de turistas, palomas, enmascarados, sedas, cristal, brillo, palacios, puentes y callejuelas estrechas. Y cuando intento inspirar profundamente, una arcada me revuelve el estómago por el hedor a podrido que emana del lodo de sus románticos canales.

Contemplo desde uno de sus innumerables puentes a esa parejita de la góndola. Se miran y se sonríen. Y yo cruzo el puente de vuelta al hotel y me pregunto qué coño estoy haciendo aquí. Cuando Ernesto me habló del viaje y me pidió que le acompañara, imaginé que sería diferente. Pensé que aquí podríamos recuperar la ilusión tras siete años de matrimonio, romper la rutina y volver a sentir de nuevo un poco de la chispa de la magia del amor en nuestros apagados corazones.Qué estúpida fui. Esto no es más que otro desagradable viaje de negocios, con esas absurdas reuniones de directivos y todas esas insoportables cenas, junto a insoportables nuevos socios, y sus insoportables esposas. Y yo, como buena mujer florero, acudo siempre hermosa y perfumada del brazo de mi flamante marido.

Y allí enmascaro mis ganas de vomitar con una enorme sonrisa y cierto talento para proceder de la forma más adecuada, siguiendo al pie de la letra el protocolo en esas reuniones de mierda.

Siempre llevo mi máscara, sean o no carnavales. Son tantos años llevando esta careta puesta, que se me ha pegado ya a la piel de mi rostro y ni siquiera ahora que me encuentro a solas con Ernesto en la habitación del hotel soy capaz de quitármela. Sigo siendo la bella esposa discreta y elegante, la serena amabilidad del beso en la mejilla de buenas noches y las dos camas separadas que no recuerdo cuánto tiempo hace ya que no se juntan.

-Buenos días, Paola -Ernesto me sonríe. Ya hace rato que se ha levantado y se ha duchado. El servicio de habitaciones ha traído el desayuno. Ernesto toma una taza de café capuccino ojeando la sección financiera del periódico-. Acaban de traer los disfraces que encargué para el baile de esta noche. Allí están. No encontrarás en toda Venecia otros trajes iguales. Son modelos exclusivos de diseño, verdaderas obras de arte. ¿Te gustan?

-Buenos días, Ernesto… Oh… ¡Son preciosos! -Oh, sí, de hecho, lo son. Son trajes como del siglo XVIII, suave terciopelo rojo ribeteado con hilo dorado y lunas y estrellas bordadas en oro en la falda de mi vestido y en la capa del suyo.

-Lástima que no pueda lucir el mío esta noche. Tengo que preparar los informes finales para mañana, a primera hora, y me llevará mucho tiempo. No te importará acudir sola, ¿verdad, cariño?

-Pues… – pues la verdad es que no me seduce demasiado la idea- aunque llevar ese traje bien que valdría la pena, eso es cierto.

-Por favor, cariño, sabes lo importante que es para la empresa conseguir esta venta, y si no acudimos al baile al menos uno de los dos, pueden pensar que despreciamos la invitación de los Carpacce. No nos podemos permitir ni el más mínimo error hasta que no tengamos todo bien firmado y sellado. Lo entiendes, ¿verdad cielo? ¿Irás? No me falles ahora, Paola. ¿Llamo para que te pasen a buscar?

-No, no es necesario. Está muy cerca, cruzando un puente, en el Salón Scala Piano de la zona de Cannaregio. Y sí, claro que lo entiendo. No te preocupes, claro que iré -y la máscara en mi rostro vuelve a sonreír.

 

Ernesto toma sorbos de café muy caliente sin quemarse. Comprendo que no se queme porque mi marido es frío como un témpano de hielo. Sin embargo ahora mismo acabo de tener de nuevo esa sensación de que su flema aparente es también una máscara que mantiene oculto a un hombre completamente desconocido para mí. Su mirada huidiza, esa media sonrisa, tanta insistencia para que acuda al baile… Cualquier mujer sospecharía que su marido desea deshacerse de ella. Cualquier mujer cuyo marido llegase siempre tarde a casa a causa de tantas reuniones de negocios sospecharía algo, sí. Y cualquier mujer treintañera, apetecible y bien dispuesta a complacer a su marido que comprobara que éste llega con excusas y sin ganas de sexo noche tras noche durante meses, sospecharía que su marido la está engañando. Y yo, evidentemente, soy como cualquier mujer.

Mientras converso sobre nimiedades, mi mente concibe un plan que me sacará de dudas de una vez por todas.

 

*******

 

No es un traje tan espléndido como el que llevaba puesto cuando salí del hotel, es otro bastante más tosco. Menos sofisticado, aunque más sensual, con una falda larga de amplio vuelo y un corpiño negro ajustado que deja mis senos casi al descubierto. Me miro al espejo. Tengo la impresión de que parezco una prostituta de esas de las películas de Jack el destripador. La máscara es blanca y cubre desde la frente hasta la mitad de mi rostro, a la altura de la nariz. Por la parte de abajo tiene un encaje negro de puntillas que cubre mi boca y el resto de mi cara. Es imposible reconocerme.

La vieja de la tienda de disfraces me sigue mirando asombrada. No entiende que le alquile un disfraz de inferior calidad y le deje el mío en depósito hasta que vuelva a recogerlo. Un’altra pazza turista buffona o algo así sussurra a sotto vocce.

Espero, medio congelada de frío, en el portal de una tiendecita de lámparas de cristal de Murano. Desde allí puedo ver la entrada de nuestro hotel. Si en treinta minutos no veo nada sospechoso, vuelvo a la tienda de alquileres a recuperar mi traje, voy a la fiesta de los Carpacce y ruego disculpas por acudir tarde.

Sin embargo, antes de que transcurra un cuarto de hora, mi marido sale del hotel ataviado con su vistoso disfraz. No cruza el puente hacia Cannaregio, sino que tuerce a la izquierda.

Por fortuna Ernesto es bastante alto, de complexión robusta, y el traje es rojo con una capa y capucha brillante y llamativa. De otra manera, le hubiera perdido avanzando contracorriente entre esas callejuelas y puentes atestados por la marea de turistas, que arrastra hacia el centro para ver los desfiles. Por fin llegamos a una zona más tranquila. Las callejuelas son aún más oscuras y retorcidas. Sigo a Ernesto a una distancia prudencial, hasta que se detiene ante una especie de casona grande y antigua. La aldaba suena cuatro veces. Se abre el pesado portón y Ernesto entra.

Espero sin saber qué hacer, y finalmente me decido. Ya que estoy aquí, no voy a echarme atrás. Sujeto la anilla del aldabón con manos temblorosas por el frío y los nervios y la dejo caer cuatro veces consecutivas. El hombre de la puerta es alto y muy delgado. No lleva disfraz, parece el mayordomo. Me pide la invitación. Le susurro que he olvidado cogerla. Por suerte, no pone objeciones, no hace más preguntas y me indica que le siga.

 

******

Arlequín

 

Suena la Introducción y Rondó Caprichoso para violín de Camille Saint Saëns y ella entra en el salón revoloteando, algo perdida, como una pequeña polilla atraída por la luz. Parece que busca algo o a alguien, aunque observo que ha venido sin acompañante. No es necesario verle la cara para adivinar su expresión de azoramiento y cierta perplejidad. Casi podría afirmar que no ha sido invitada y se ha colado en nuestra fiesta especial. Sí, seguro que el mayordomo ya ha avisado al maestro de ceremonias de la presencia de la pequeña intrusa sin invitación.

La contemplo, apoyado en una de las columnas torneadas de mármol, amparado por la oscuridad, como una araña vigila su presa. Desde aquí puedo oler su inocencia, algo poco frecuente en este ambiente.

Y allí está de pie, exáctamente en el centro del salón, en la zona más iluminada, bajo la pesada lámpara de bronce de doce brazos estilo Imperio. Es menuda, lleva el cabello rizado castaño recogido con una cinta roja. Su traje no es de tan buena calidad como el mío, sino que lleva un modelo muy escotado, bastante vulgar, de materiales acrílicos. Aun así, algo en ella resplandece. Es poderosamente atrayente para mí esa turbación que demuestra su cuerpo paralizado, sus puños apretados y sus músculos tensos cuando nuestro maestro de ceremonias se acerca susurrándole al oído, y ella da un paso hacia atrás, sin saber qué hacer. No huyas, caperucita… Has despertado mi apetito de lobo y esta noche he decidido comerte.

 

Sacudirme de encima a mi mujer con una estúpida excusa no ha sido tarea difícil. Se lo cree todo. Sí, es la esposa ideal, la perfecta anfitriona, la palabra correcta en el momento oportuno, y… y un aburrimiento en la cama. El sexo con ella es tan previsible y rutinario que me produce verdadera aversión. Me encantaría ver su cara simplemente un momento, ver su expresión si supiera lo que me gusta realmente en el sexo, si supiera todo lo que he hecho, todas esas noches salvajes, tantas orgías de alcohol, drogas y sexo perverso que he disfrutado mientras ella creía que estaba trabajando en la oficina hasta altas horas de la madrugada. Pensé que esta noche sería así, pero creo que va a ser mucho, mucho mejor, y sin haberlo planeado siquiera.

Una de las hermosas camareras portando una bandeja con copas de champagne y rayitas de coca se acerca luciendo su torso desnudo, vestida únicamente con una sencilla faldita de gasa negra transparente. En esta modalidad de caza, es importante tener un buen reclamo que llame la atención. Los invitados a la fiesta conversan, sonríen, beben, se miran y se tocan disimuladamente… Ya es hora de que alguien rompa el hielo y comience la función.

Noto que ella me está mirando mientras vierto un hilito de dorado líquido sobre las tetas de la joven y chupeteo en sus pezones las sabrosas gotas de Dom Ruinart. Las calzas de terciopelo no pueden disimular el bulto en mi entrepierna, que no ha pasado desapercibido para una de tantas zorras, una vestida de egipcia, que acude a meterme mano, relamiéndose ante la perspectiva de llevarse a la boca una buena polla.

-Quieta, Cleopatra -detengo el ansia voraz de la mujer, que entonces decide calmar sus apetitos acomodándose en el diván y comiéndole el coño, previamente espolvoreado de coca, a la camarera que se retuerce gimiendo.

El rondó caprichoso se encumbra hacia el orgásmico apoteosis final, y tras unos segundos de transición oyendo la cacofonía de carcajadas, suspiros, voces y exclamaciones, Saint Saëns vuelve a emerger con fuerza con los violines vibrantes de la Bachanalle, fragmento de la ópera de Sansón y Dalila. Bacanal. Mucho más apropiada, obvio. El dios Baco se sentiría orgulloso de cada una de nuestras celebraciones, ya que antes de finalizar la pieza musical, la mayoría de los enmascarados ya están ebrios y desnudos, inmersos en un incitante desenfreno sexual. Yo no deseo eso. No se trata de follar por follar. Eso me resulta aburrido. Mi deseo se centra en la intención de pervertir a la pequeña palomita que, asustada, se oculta sentada en una banqueta en aquel rincón, sin perder detalle de lo que ocurre.

 

******

Colombina

 

Sexo. Mire hacia donde mire todo es sexo a mi alrededor. Tapices, alfombras, esculturas, bajorelieves, motivos del mobiliario, lienzos… toda la lujosa decoración está basada en escenas sexuales: parejas, tríos, grupos, hombres, mujeres, animales… El escenario es el adecuado para dar ambiente a este tipo de fiesta, donde todos acaban follando a la vista de todo el mundo. Y eso es lo que veo, allá donde mire. Parejas, tríos, grupos, hombres, mujeres, hasta animales… Todos follando. Nunca me ha gustado la pornografía, ni las escenas de sexo explícito en las películas pero… pero tengo que reconocer que en estos momentos estoy realmente excitada. Veo a esa mujer mamándosela a ese hombre obeso y sudoroso, mientras ese otro la tiene bien cogida, embistiéndola desde atrás, berreando como un cerdo. Aaah… Es una escena tan sórdida… No comprendo cómo algo así me está poniendo tan cachonda, pero es que nunca en mi vida he estado caliente como ahora.

Debí haberme ido en el momento en que me habló ese hombre que se presentó como el maestro de ceremonias, sin embargo decidí quedarme a pesar de sus advertencias. "Questa é una reunione privata e realmente speciale, signorina. Prego che abbandoni la sala senza armare scandalo, benché possa rimanerti se tu lo desiderti, ma questo indica che devi accettare qualunque domanda sessuale che gli indichi qualunque invitato. É la tua decisione". Estaba claro, si me quedaba era con la condición de aceptar cualquier demanda sexual de cualquiera de estos degenerados. Así que por eso estoy aquí medio escondida en este rinconcito oscuro… Pero es que no puedo irme ahora sin saber qué pasa con Ernesto.

Y es que lo más extraño es que con Ernesto no pasa nada. No hace nada. Allí está, sentado en aquel sillón, tomando una copa, totalmente vestido. Supuse que se iba a follar a la camarera esa, pero no. Parece que espera algo, no sé… Pero ¿qué? ¡Oh! ¡Dios! ¡Aquel hombre se está corriendo en la cara de esas dos chicas! Necesito urgentemente ir al baño, yo… yo no puedo más, joder, necesito aliviarme, tengo las bragas tan húmedas que seguro que he mojado hasta el tapizado de la banqueta.

 

*******

Arlequín

¿Dónde va mi palomita? Sale por el pasillo, mira hacia los dos lados… Supongo que busca un cuarto de baño. La sigo sin que me vea, pero no soy el único que está al acecho… Llegamos al baño, ella entra y.. ¡Oh! Ese hombre con la máscara de tigre se ha avalanzado sobre ella . Antes de que pueda gritar, la ha amordazado. Tipo listo. Si ella grita, seguro que atrae la atención de otros cazadores que desean follarse a la fuerza a alguna zorra estrecha menos dispuesta que las que acuden a este tipo de eventos. Le desgarra la blusa y el chaleco de un zarpazo. Mmmm… Preciosos… tiene unos pechos pequeños preciosos, su piel es muy blanca y fina, en contraste con las manos oscuras y toscas de ese patán que le manosea las tetas y le pellizca los pezones rosados.

Aaaah… Esto no me lo esperaba… Eres una gata salvaje, pequeña colombina, arañas y muerdes, pataleas y te revuelves, pero no puedes hacer nada contra ese fuerte golpe en la cabeza que te tambalea y te deja aturdida. Tú te derrumbas, él te voltea, te sujeta la cabeza en el lavabo y sube tus faldas. De un tirón rasga tus bragas, encaje y seda color beige. ¿El culo? Sí, claro, va directo a meterte esa polla enorme por el ano. Seguro que no has practicado nunca sexo anal, que tu culito respingón conservador de mojigata melindrosa se mantiene virgen y ese agujero lo tienes bien, bien estrechito. Lo que no sabéis ni tú, ni ese perro perdiguero que te manosea y tienta ya tu culo con su asquerosa polla, es que yo te vi primero, que yo tengo preferencia, y que yo consigo siempre lo que quiero. Y quiero ser el primero en romperte el culo. Por eso agarro el jarrón Cloissone de bronce grabado. Es bellissimo… Una obra de arte.

- Scussi… Va bene… -y le asesto al energúmeno éste un golpe seco en esa testa grassa e calva con el jarrón-. Mi dispiace. La ragazza é mia.

 

*******

Colombina

Me arrojó de allí como el que lanza a la calle una colilla. Como si fuera basura. Estoy vagando por estas callejuelas, aterida de frío bajo el relente de la noche, vigilada por las sombras espectrales de los palacios herrumbrosos reflejadas en el agua. Siento escalofríos en el cuerpo y un mordisco de hielo en el alma. Necesito respirar, en esta puta ciudad no se puede respirar, joder, y menos aún en este puente cubierto, que ya no me parece un refugio, sino una trampa mortal. El Pointe dei Sospiri no recibe su nombre por los suspiros de los enamorados, esa es otra creencia falsa, sino porque este puente comunicaba el Palazzo Ducale con la prisión de la Inquisición, y en él los condenados a muerte suspiraban porque sería la última vez que verían el sol, el cielo y el mar. Condenados, no enamorados. Son los suspiros de los malditos herejes condenados.

La gente que pasa me mira sorberme los mocos y limpiarme las lágrimas con el dorso de la mano. Piensan que me tambaleo y lloro porque estoy borracha. Que se vayan a la mierda. Condenados, todos lo estáis también, no sabéis nada. ¡Nada!

Recobré el sentido sentada en un catre en esa especie de mazmorra húmeda y oscura. Aún seguía con la mordaza en la boca, la cabeza me daba vueltas. Estába aterrorizada. Entonces vi a Ernesto, que se acercaba a mí y acariciaba mi cabeza, y recordé pequeños flashes: el tipejo ese que me atacaba, el pánico, la imagen en el espejo de la figura alta de mi marido con un jarrón en la mano. Me había salvado… Sin saber que era yo, Paola, su mujer, él me había salvado, y lloré de alivio y de agradecimiento.

Fue entonces cuando llegó el maestro de ceremonias llevando a aquella muchacha pálida y demacrada. Parecía tan joven… y parecía tan desesperada… Oí su risa cruel. Ernesto se reía y se negaba a darle la papelina a la chica hasta que hubiera terminado de jugar con ella. Cuando le dijo en qué consistía el juego, la joven palideció más, pero él sabía que ella estaba dispuesta a todo, que se vendía a sus caprichos más escabrosos por la imperiosa necesidad de su adicción. Ernesto sabe mucho sobre negocios: es la ley de la oferta y la demanda. Esa pobre niña era sólo un trozo de carne y él pagaba por hurgar en ella.

Ahora, apoyada sobre la barandilla del puente me vuelven a dar arcadas, pero ya no queda nada en mi estómago que pueda vomitar. Cierro los ojos y aún veo lo suyos aterrorizados, pobre chiquilla, cuando Ernesto se quitó la capa y la casaca de su traje. Su mano y su brazo brillaban por efecto del lubricante. La muchacha sobre ese jergón, desnuda, temblando, con las piernas abiertas, las rodillas flexionadas… Aún parecía más poquita cosa, tan escuálida.

No puedo olvidar sus ojos, espantados al ver cómo se acercaba Ernesto con la mano y el brazo brillantes de grasa. La muchacha se mordía los labios y se le saltaban las lágrimas cuando él le introdujo el cuarto dedo. Las manos de Ernesto tienen la piel fina, sin callos, la manicura perfecta, pero son manos grandes. Él hace caso omiso a los sollozos apagados de la chica e insiste girando la mano una y otra vez, hasta conseguir meter los nudillos. Ti piace? Vuoi che continui? Più profondo?

Y la muchacha enmascara su dolor con una falsa sonrisa y te dice que sí, que claro que le gusta, que más profundo, claro que sí… Qué cabrón. Le metiste hasta el puño sabiendo lo que le dolía, pero eso te encantaba, es lo que te calienta. Siempre pensé que eras frío, y no es cierto. Lo que nunca imaginé es que lo que conseguía calentarte era atormentar a otro ser humano.

Y en cuanto acabaste con ella, comenzaste conmigo.

La barandilla del puente es de piedra. Está muy fría. Tengo dos uñas rotas. Veo las grietas que reptan desde el fango por la piedra como heridas, como cicatrices eternamente abiertas que supuran corroyendo una ciudad herida de muerte. Sangran las heridas de mis codos y mis rodillas, magulladas por el roce contra el suelo de piedra por las embestidas frenéticas de su cuerpo contra el mío, invadiendo a la fuerza, clavado en mi carne. Lágrimas cálidas resbalan por mis mejillas y se estrellan al caer sobre el moho del pretil. Gotas cálidas de sangre y semen resbalan por mis piernas. El dolor agudo de mi ano es ahora un lamento latente, pulsante y contínuo de fuego. Ti Piace, Colombina? Più profondo? Y su polla se ensartaba de nuevo, hasta lo más profundo de mi ser, desgarrándome por dentro el corazón hasta dejarlo tan agrietado, sucio y frío como este puente de piedra, el puente de los suspiros de los condenados.

Condenados… Todos estamos condenados, todo es una mierda, en el fondo todo apesta, todo es falso. Es hermoso por fuera, la apariencia es bella, pero la raíz está podrida. Por eso acaba hundiéndose. Por eso la ciudad se hunde. Por eso mi matrimonio se hundía, porque era hermoso en apariencia y en el fondo apestaba y estaba podrido. Ernesto es un monstruo, es una farsa, está todo podrido, todo en él es falso, es… es un monstruo. Un monstruo…

 

 

******

Pierrot

El tormento de tener que disimular, de fingir día tras día, noche tras noche, me estaba matando. Aparentar que no pasa nada, que todo va bien, disfrazando la realidad con una fría máscara, una farsa bien interpretada en esta comedia costumbrista de vida tranquila y feliz.

¿Para qué contarle la verdad? ¿Para qué preocupar esa linda cabecita y abrumarla inútilmente en desvelos innecesarios? Para eso estaba yo, con todas esas noches sin dormir dejándome la piel en este proyecto.

Para qué contarle lo del declive en las ventas, esta maldita crisis exhortándonos a teñir de rojo los números, los balances con rendimiento negativo en nuestros fondos en los últimos meses, las pérdidas netas tan elevadas que los acreedores ya estaban arañando las puertas con garras de acero. Ni reestructurar la plantilla, ni rescindir contratos temporales… Nada, pensaba que nada podía salvarnos de la bancarrota. Todo lo que tenemos, todas nuestras posesiones invertidas en esta empresa destinada a la quiebra, a no ser que se obrara un milagro.

Paola, ¿cómo iba a mirarte a la cara tras un fracaso así? Prometí dártelo todo, tenerte como una reina, y en cuestión de poco tiempo, sólo podía ofrecerte la ruina total y absoluta. La ansiedad me oprimía el pecho cada vez que tu cuerpo se aproximaba al mío durante todo este tiempo, porque sé que deseabas que yo te tomara entre mis brazos y te hiciera mía. Pero no podía, mi vida, no podía… El estrés era superior a mi deseo y… y mi cuerpo permanecía apático, mi ánimo decaído, y todavía me sentía más desesperado por la angustia de no poder satisfacerte, pero es que me sentía tan impotente, tan fracasado…

Afortunadamente el milagro por el que he estado luchando tanto tiempo se ha realizado. Ya está todo firmado por los socios inversores. Este contrato con estos importantes clientes venecianos supondrá una apertura hacia el mercado italiano y nuestra tabla de salvación ante nuestro inminente hundimiento.

Y ahora por fin, puedo relajarme y respirar tomando una copita de Chianti, contemplando esta bella ciudad desde la terraza del hotel. Es tan hermosa, Venecia es la ciudad más bonita del mundo, la ciudad del amor, y no la he disfrutado apenas con mi adorada Paola.

Ay, Paola, mi amor, espero que lo estés pasando bien en esa fiesta de disfraces. Me hubiera encantado ir contigo. Era una lástima que ese estupendo disfraz no se aprovechara, así que me alegro de habérselo dejado al principal socio inversor de la empresa del señor Carpacce. Lo vio y le encantó, y como tenemos la misma altura y la misma complexión, pues le sentaba como un guante. Espero que él también disfrutara de su fiesta.

Yo, ahora mismo, no deseo fiestas. Sólo deseo que vuelvas aquí, Paola, a mi lado. Deseo abrazarte, besarte, sentir el calor de tu cuerpo junto al mío y hacerte el amor con toda la dulzura, con toda la pasión, con todos mis sentidos. Sé que nunca he sido un hombre demasiado expresivo, más bien todo lo contrario. No recuerdo la última vez que te dije que te amaba. Debería decirte "te quiero" más a menudo; tú sabes que te quiero, pero sé que debería decirte eso y mucho más. Decirte que eres mi vida, que tú lo eres todo para mí, agradecerte toda la felicidad que me has dado, mi bella Paola, tan hermosa, tan dulce, la mujer más bonita del mundo. Mi mujer. Siempre me ha parecido algo ridículo descubrir mi lado más sentimental, pero ahora, en este momento, me parece lo más apropiado. ¿Será está ciudad tan hermosa la que despierta en mí ese deseo? Claro. No por nada es la ciudad del amor. Venezia. La Serenissima. No hay lugar en el mundo con mayor encanto para los enamorados. Aquel es el Puente de los Suspiros, y en este preciso momento yo estoy suspirando de amor por ti, Paola.

 

FINE

 

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150% REAL

 

150% REAL

Hola miembro o miembra de la cadena trófica de este bioecosistema salvaje que es este maravilloso blog de relatos. Yo soy el organismo productor (autora) y tú eres el consumidor (lector) Hay otros depredadores y carroñeros (los que me plagian los relatos), pero de esos prefiero no hablar, que me sulfuro. Mis saludos más cordiales para todos, (y una mierda descompuesta para los carroñeros).

Antes de comenzar a profundizar en el tema en cuestión por el cual escribo este texto, he de confesar la verdad. No creas todos los datos de mi perfil, y no, no te creas todo lo que escribo… La mayoría de mis relatos no son reales… Y es que tras escribir muchos relatos eróticos de fantasía, (o sea, irreales pero fantásticos, es decir, geniales, fabulosos y la hostia de buenos), me he decidido a sincerarme con todos vosotros en un relato 150% real.

Mi verdadero nombre no es Gatita Karabo de la Kalandria. Sí, debes creerme. ¿Te he sorprendido? Claro, me lo imagino. Pues no, no me llamo Gatita. Mi nombre real es Clara Angélica Expósito de Todos los Santos, tengo 25 años, recién cumplidos hace unos años, y en los siguientes párrafos voy a proceder a describir mi aspecto físico, para que te hagas una idea de cómo soy.

Mido 1.70 metros, que son 1.92 yardas, 2.10 varas, 69.2 pulgadas, 1.05 brazas, 5.71 pies. Aunque, de hecho, pies sólo tengo dos, de talla 38 europea, talla 5 en el Reino Unido, talla 6.5 en los EEstates UUnites of AAmericates.

Peso 58 kilos, que vienen a ser 127 libras bien repartidas en unas perfectas medidas de 110-60-100, que traducido es que tengo unos pechos opulentos (tetas gordas como melones), una cinturita de avispa que se puede abarcar con las manos y un pedazo de culo brasileño firme y prieto que también dejo abarcar con las manos, con la lengua o con la polla, dependiendo de la situación.

Mi piel es aterciopelada, clara en invierno y tostada color canela en verano por efecto del sol y de la leche solar factor de protección 15, que permite un bronceado rápido, seguro y duradero.

Mi rostro es un perfecto óvalo coronado por una oscura y lisa melena, espera que la agite… síiii… Síiiiii… ¡Ohhh… SIIIIIIIÍ! (Herbal Essence, una experiencia totalmente orgásmica), que me cae en cascada por la espalda cual velo de negra noche, haciendo destacar mis dos ojazos que lucen como dos estrellas. Y es que de ojos tengo dos, uno a cada lado de mi nariz graciosa y respingona. Mis ojos son blancos, los dos, menos la bolita del medio, el iris, que es de color avellana praliné.

Mi boca carnosa, que tiene unos labios eternamente brillantes e hidratados por el gloss sabor frutos del bosque, guarda unos dientes blancos como la nieve, una lengua ardiente como el fuego, y un aliento fresco como la nieve de mis dientes, antes de que acabe derretida por el fuego ardiente de mi lengua.

Ahora, que te habrás hecho una ligera idea de mi aspecto, voy a describirte como soy por dentro. El esqueleto, los músculos y los órganos internos, no, no creo que sea necesario. Voy a proceder a describir mi personalidad: la organización dinámica de mis sistemas psicofísicos que determinan mi forma de pensar y de actuar, haciéndome única y distinta a los demás.

Soy muy extravertida, afectuosa, sociable, emocional, simpática, cordial, cariñosa… Tengo una personalidad abierta, muy abierta. Me abro enseguida de piernas a la primera de cambio, y es porque, como ya habrás intuido, soy una viciosa del sexo. Soy ninfómana, bisexual, exhibicionista, multiorgásmica y disléxica… O sea, un pedazo de guarra tirando a zorra, en plan puta, putona de primera división. Aunque una cosa no quita la otra: soy muy guarra pero muy buena persona.

Para que entiendas un poco más mi forma de ser he de ponerte en antecedentes de cómo empezó mi afición descontrolada por el sexo.

Todos sabemos que es en la adolescencia cuando se nos empieza a despertar ese hormigueo sexual provocado por las hormonas. En mi caso fue como “Cuando ruge la marabunta”. Necesitaba cuanto antes un oso hormiguero.

Afortunadamente para mí me apunté a unas jornadas de intercambio cultural y fui a parar a un curioso poblado allá por el África Amazónica. Allí celebré mi cumpleaños con mi familia de acojida, (acojida, con jota, porque me cojieron todos). Fue la mejor fiesta de cumpleaños de mi vida, con mi ma’ cantando hapiverdetuyú emocionada, animándome a que les soplara la vela a mi pa’ y a mis cinco hermanos. Esa noche perdí mi virginidad, pero a cambio gané ocho orgasmos vaginales simultáneos y siete orgasmos anales, alternados con mamadas varias.

A partir de ese día me convertí en la muchacha más popular del poblado. No había día que no me merendara una media docenita de pollas nativas autóctonas y alguna que otra de misionero y/o explorador que llegaba a la aldea atraído por la leyenda del insaciable conejo blanco.

Ahora todo eso parece tan lejano… Les recuerdo a todos con un gran cariño, y es que me dieron tanto, tanto, tanto… y por todas partes… Me abrieron la puerta de sus chozas, me abrieron su alma, me abrieron su corazón y me abrieron el culo tantas veces que no sé cómo podría olvidarles. Sí, ha llovido mucho desde esos tiempos, y más allí, que todos los putos días estaba lloviendo.Había tanta humedad, que en vez de hongos vaginales, me salieron champiñones.

Posteriormente mi estancia en la residencia femenina de la universidad me hizo descubrir algo nuevo. Mis ojos avellana, mi piel canela, mis labios dulces, mi lengua calentita y mi aliento fresco… ¿Canela, avellana, dulce y calentito, a la par de fresco? Eso es un bollo. Pues ahí estamos. Descubrí que yo era bollo, muy bollo.

No sé cómo me dio tiempo a estudiar algo entre tantas fiestas de pijamas sin pijama, animando a mis compañeras de habitación: ven, Mari Puri, no seas tontina, dame un piquito, y una lamidita en el cuello, a que te sobo una tetita, a que te muerdo un pezoncillo… Y eso que ninguna de nosotras éramos tortilleras, que esas tenían pinta de marimachos. No. Nosotras éramos chicas jóvenes normales teniendo experiencias nuevas, nos decíamos mientras las tijeritas nos hacían gemir como locas, y nos chupeteábamos el botoncito unas a otras con fruición.

¡Qué tiempos aquellos! Recuerdo el día de la ceremonia de mi graduación… qué bonito, la toga, el birrete lanzado al aire (tradicionalmente, los graduados sólo lanzan el birrete, yo también lancé la toga quedándome en tanga para salir mona en la foto).

A pesar de los chupitos, recuerdo también la noche de celebración en la fiesta de la fraternidad Omega 3. Acabé con mis bajos más escocidos y colorados que el culo de un mandril. Follé con todo el equipo de futbol, con el de baloncesto, el de ajedrez, el del tres en raya, el grupo de animadoras, el grupo de exploradoras, el claustro de profesores, -incluídos los cuatro vicerrectorados-, y con el equipo de gerencia, además del rector. No pude sentarme en una semana, pero valió la pena, porque conseguí ser la chica más querida de la Uni. No por nada me gané el sobrenombre de Clara Angélica, la Chocholoco. Todos los años me mandan varias invitaciones para las fiestas de antiguos alumnos, sean o no de mi promoción, y es que son muy detallistas en las universidades privadas.

En cuanto terminé la uni me empleé un verano como becaria, y en menos de tres años he ascendido a secretaria ejecutiva de esta gran empresa. Mi trabajo consiste en cambiar el papel de la impresora, hacer una mamada, hacer fotocopias, comerme una polla, llevar el café al jefe de departamento, hacer una mamada… Ahora ya no sólo son mamadas, es un trabajo más complejo que el de becaria y mucho más ameno, sobre todo en las reuniones del equipo directivo de socios, en las que siempre acabo sobre la mesa y ellos metiéndome la polla por turnos por todos mis agujeritos, de dos en dos o de tres en tres, en riguroso orden según el organigrama de la empresa, siguiendo la jerarquía piramidal.

Y para que no se diga que soy una clasista, que quede bien claro que igual le como la polla a un directivo, que se la chupo a un delegado sindical, que le como el chochete a la recepcionista, o me tiro al portero, y es que odio la discriminación social.

En cuanto acaba mi jornada laboral, vuelvo feliz a mi hogar, en un bloque céntrico en el centro más céntrico de Madrid, un ático precioso con vistas al mar. Comparto mi casa con Sultán, mi pastor alemán. Es un perrito muy cariñoso, muy protector, pero muy salido, más que yo… Siempre está en celo con la chorrilla roja asomando por la funda. La culpa creo que es mía, que le consiento demasiado… Cuando tengo un acaloramiento urgente, pues dejo que me monte de vez en cuando, y ahora el animalito quiere hacerlo siempre, incluso cuando tengo visita.

¡Nein! ¡Nein, hund! ¡Halt, halt, Sultán! Pero cuando se pone cerrino el chucho, no entiende ni el alemán, su lengua materna, y hasta que no me la mete hasta el bulto, no para.

Mira que me hace compañía el animalito y me proporciona muchas satisfacciones y multiorgasmos, pero no sé si voy a poder tenerlo en casa en esas condiciones, que ya ni puedo subirme los ligues a casa, que mi Sultán es muy celosón. No voy a contar lo que le pasó al último ligue… ¿Has leído “Cujo” de Stephen King o has visto la peli? Pues algo así.

Aprovecho, pues, la coyuntura para ofrecer lindo perro pastor alemán de dos años a cualquier muchacha amante de los canes, interesada en un buen animal de compañía, muy cariñoso, leal, con una verga grande y potente, buen provisto de litros y litros de semen caliente que surge a borbotones, vacunado, desparasitado y con microchip. Interesadas mandadme un mail con foto, que me gustaría dejar a Sultán en buenas manos con una chica mona (peludas valen, a él no le importará), pero nada de dejar a mi Sultán con un callo malayo (feas abstenerse).

¡Oh, dios, qué calor! Contando estas cositas me acaloro, así que me permitirás que pare a hacerme un dedito y ahora sigo.

Ya, ya me corrí. Sultán me echó una manita, bueno, unos lenguetazos… Sí, sí, me he quedado muy bien, cinco orgasmos. Mi perrito se ha quedado con ganas, pero ahora quiero escribir un poco, así que lo he tenido que dejar encerrado en el balcón. Uf, sigo acalorada. Ese es el problema de las ninfómanas, que siempre tenemos ganas, a todas horas.

Un momentito. Llaman a la puerta. Será algún vecino quejándose del escándalo del chucho.

Pues no. Es Micky el empleado de mantenimiento del edificio. No funciona bien el aparato de aire acondicionado y se ha ofrecido a instalarme otro aparato. Vaya, creo que el chaval se ha sorprendido un poco y no deja de mirarme mientras me contoneo con el culo en pompa tecleando en el pc. Es que como soy algo exhibicionista y hace mucho calor pues suelo recibir a mis visitas en pelota picada. Un minutín, que el chico se me acerca, igual es que necesita algo.

Ooooh, dios, mmm… Me acaba de agarrar de las tetas y de instalar su enorme aparato en el culo, joder, vaya aparato que se gasta el Micky, rico, rico… Sigue, sssss… ssssssigue, joooder, aaahhhh… Escri bir a ssií es difi´cil, no sé ni lo q tecleo, asií q luego sigooo… q rico, q rico…mmmm…

Disculpad la interrupción. Tres horas dale que te pego, que Micky es todo un semental; me ha inundado de leche por todas partes y aún ha sobrado un bol para los cereales del desayuno. Pero el muy cabrón no me ha arreglado el aire acondicionado, jo, qué calor… En cuanto termine de escribir esto, bajaré a la piscina comunitaria a darme un chapuzón en bolas. ¿Recuerdas la serie “Melrose Place”? Pues la piscina del edificio donde vivo es similar. Los vecinos no, no se parecen en nada a los chicos de Melrose , que más quisiera yo… son más bien como los más feos de “Los hombres de Paco”.

En cuanto bajo a la piscina y me quito el albornoz ya noto en los balcones los ojos de algunos de mis vecinos clavados en mi cuerpazo impresionante, y es que como no pueden clavarme la polla, que la mayoría tienen esposa vigilante, pues se conforman clavándome los ojos y haciéndose una paja nocturna contemplando mi sensual estilo croll, braza, espalda, mariposa y salto de trampolín inverso, con tirabuzón, acabado en un perfecto clavado de vibrador impermeable en el chocho antes del chapuzón.

Y allí estoy yo, bien atenta mientras hago mis largos, esperando con la boquita abierta, hambrienta cual sirena (sirena, no foca, que de foca nada; que eso es lo que dicen mis vecinas, ballenas envidiosas, liberad a Willy, gordas vosotras, que podéis llamarme puta que no me enfado, pero de gorda, nanai), bueno, pues que ahí estoy nadando cual bella sirenita que espera que le lancen pececillos. Chorrito… Uis, ese no lo alcancé… Otro chorrito, seguro que es el del tercero, ese sí que lo he pillado, ñam, ñam… Otro chorrito… Uis, eso no es semen, eso es Actimel del abuelete del quinto, que quiere disimular que ya no se le empina. Bueno, me vendrán bien las defensas y seguro que los millones de espermatozoides que bajan por mi garganta están mucho más felices persiguiendo a los millones de L-Casei- Imunitass para follárselas vivas.

No voy a dar muchos más detalles, pero huelga decir que he hecho casi de todo en cuestión de sexo y que no le hago ascos a nada… Sin embargo he escrito casi, y es que hay algo en lo que soy virgen, y ahí necesito tu colaboración.

Nunca he practicado cybersexo.

Claro -pensarás- teniendo tanto sexo, ¿para qué interesarse en el cybersexo? Pues por eso me interesa, porque no lo he practicado. Está de moda, todo el mundo lo hace y yo tengo una curiosidad tremenda, imperiosa, urgente, que me corroe el alma, que me corroe el coño, por eso estoy que vivo sin vivir en mí, que tan alto orgasmo espero, que muero porque no muero…

Así pues, todo preparado. Dispongo de un maravilloso PC, línea ADSL de veinte megas, me he comprado una webcam de alta resolución, tengo un cuerpo de vicio, una linda carita, un vibrador a pilas calibre 26, varios conjuntos de bolas chinas y un set de plugs anales.

Estoy dispuesta a hacer de todo, y con captura de pantalla de recuerdo en cada sesión. Lo único que necesito es un buen cyberamante.

Y de ahí viene la necesidad de escribir este tocho, para hacer un casting de candidatos entre los lectores de este blog.

No, no será tan fácil como mandar un currículum con foto en bolas de frente y de perfil. Guárdate la polla o el chocho por el momento y sigue leyendo.

Yo necesito más… Y es que, desde que escribo y publico en internet, a mí lo que me pone es un buen lameculos. No sólo en sentido literal, que sí, que sentir una lengua chupeteando mi ano me pone un montón, pero ahora lo digo en sentido figurado. Lo que me hace temblar de deseo, arder de pasión, que se pongan los pezones como piedras, que se me hinche el botoncito del clítoris, que se me caiga el tanga por el peso de los fluidos, derritiéndoseme el chichi hasta chorrear, es un buen comentario en uno de mis relatos.

Oooooh… Sólo de pensarlo vuelvo a estar excitada… Muy, muy excitada… Estoy caliente, tan caliente… Me estoy tocando… Mmmmm… Mmmmmmmmm… Mmmmmmmmmmmmm… ¡Aaaaaaaaah¡ ¡AAAAAAAAAAAAAAAH!

Diosssss. ¡Ha estado genial! ¡Veinte orgasmos seguidos! Aún siento las contracciones vaginales.Voy a por una toallita húmeda perfumada y con extractos de aloe vera para limpiarme los deditos y sigo escribiendo con las dos manos, así no pringo de fluidos vaginales el teclado.

Vale, pues lo que te decía, si eres un lector o lectora interesada en el casting hay unos requisitos mínimos que debes cumplir. Ya he recibido muchos mails de presuntos lectores que me dicen que les encantan mis relatos y me piden agregarles al msn, solicitan una conversación caliente y/o una foto desnuda.

Oooooh, leo esos mails y me pongo como una moto, me entran sudores orgásmicos… Y cuando contesto al mail, preguntando cuál es su nick con el que me comenta, cuál ha sido el relato que más le ha gustado y por qué… Pues entonces sale la verdad. Que no se acuerdan. Y es que simplemente han pillado mi mail de mi perfil, pero no se han leído mío ni una puta mierda. Y entonces me quedo fría, triste, vacía, melancólica, apesadumbrada, alicaída, cariacontecida y bastante encabronada.

Un serio postulante a mi ofrecimiento no sólo comentar, estilo:

 

“Muy excitante tu relato. Mis felicitaciones, sigue escribiendo”.

No. Eso no me vale. No solo tiene que ser un simple comentario.Debe ser un comentario de texto, ya sabes: idea principal, resumen del argumento, estructura, examen detallado de fondo y forma, análisis del contexto espacio-temporal, campos semánticos… En el caso de mis poemas, solicito análisis de la métrica, estudio razonado de las figuras retóricas y valoraré muy positivamente el aprenderse algunas de las estrofas de memoria.

El comentario, para tener más fuerza expresiva, deberá ir acompañado de halagos varios, con mucha, mucha coba en la valoración personal, algo así como:

“GatitaKarabo… Eres la mejor autora de todo el mundo.¡Esto es lo mejor que he leído! ¡Insuperable! ¡Maravillosa! ¡Colosal! ¡Soy tu fan número uno! ¡Eres una genia de las letras! ¡Mereces dos mil excelentes! ¡Si presentaras este relato a algún concurso, seguro que ganas el premio Planeta… Planeta de los Simios! Pero… ¿Quién cree que tu relato sea malo? Sí me entero, me lo cargo… ¿Cómo les puede parecer malo un relato tan sobresaliente, destacado, brillante, admirable y supercalifragilisticoespialidoso? Esta claro. Contra ti hay una conspiración… Pobres almas sin talento y envidiosas que no pueden soportar que seas la mejor, la más mejor, la muy más mejor…”

Uffff… Vuelvo a ponerme cachonda. Siempre he admitido que escribir me calienta un montón, pero este tipo de coments me calientan mucho más. Estoy que ardo, mi cuerpo arde, mi piel arde, mi coño arde… Y todo arde, arde y arde… la marimorena… que estoy muy salida y estoy muy rebuena.

Ahora puedes pensar que, además de ser una guarra, no tengo escrúpulos. ¿Es que en este mundillo de los blogs vale todo para conseguir un puñetero comentario? ¿Es que acaso no me estoy comportando como una verdadera puta? Pues claro, joder, si lo he dicho al principio, que soy un pedazo de guarra, tirando a zorra: una putona de primera división.

Pero no te vayas equivocando, que una es puta, pero no tanto… que el objetivo principal no es conseguir comentarios en mis relatitos a cambio de cybersexo.

Mi propósito es conseguir los calentones multiorgásmicos inigualables que me provocan tales comentarios; y, por otra parte, premiar al motivado, detallista y afanado lector o lectora -que yo considere mi fan número uno-, con mi estreno en la pequeña pantalla de la webcam, en sesión completa ( a dedo, con artefactos sexuales varios, o con la aparición estelar de Sultán) a gusto del elegido/a, que soy muy complaciente.

Ahora tú decides. En el caso de no interesarte la oferta, puedes igualmente dejar un comentario positivo y políticamente correcto. En el caso de que seas un envidioso o el lameculos de algún otro escritor de blogs envidioso por la competencia, entonces puedes no dejar ningún comentario, o decir que mi texto es malo (mala puñalá’ te den, cabronazo de mierda).

Y por último, en el caso de que quieras postular a ser candidato en mi casting… ¡Pues lúcete, hostias! Déjame un comentario tan pelota, pelotero, pelotillero, que me corra de gusto sin necesidad de tocarme.

Y ahora, estimado lector o lectora cuídate mucho, sé feliz, vive la vida y que se mueran los feos. Recibe mi saludo más cordial, o sea, un beso en la punta de la polla o una lamidita en el clítoris de parte de Clara Angélica Expósito de Todos los Santos, en este ámbito conocida como la GatitaKarabo, la GK, la Chocholoco, la autora más jot, very, very jot (con jota de cojer y de joder) de los blogs, de todos los internetes y del mundo mundial.

 

 

 

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ODA AL SEXO (hablando en plata)

ODA AL SEXO (Hablando en plata)
No es sermón, amigo mío
simplemente aconsejar
que si estás algo aburrido
nada mejor que follar.
Follar = tener relaciones
(disculpenme los más finos)
aún así, con dos cojones,
mete en la raja el pepino.
Avéntate a la parienta
disponte a barrer el frente
mete la polla en el coño,
ayúntate carnalmente.
Échale zumo a la almeja,
hunde la chorra en el chocho
o el carajo en la molleja.
Ponte a mojar el bizcocho.
Coge, mete, jode, chinga,
junta panocha con nabo,
cepíllate la cuchara
clava en el conejo el rabo.
Parcha el pelao en el bollo
hasta vaciar el saco,
la picha en la catalina
soltándote un buen polaco.
Toma zumo de papaya
mientras se chupa el badajo
baja con gusto al pilón
una arriba, el otro, abajo.
Mientras te chupan poronga
cómete bien la empanada
lame la breva sabrosa
mientras te hacen la mamada.
Da por culo, adoba el pavo,
practicando el sexo anal,
si los dos gozáis con gusto
de esta otra opción sexual.
Ponle el palo al asterisco,
sigue con el saca-mete,
dale verga al anillito,
el cipote en el ojete.
Más si se te diera el caso
y en pareja, estás de baja,
menéate la garompa:
(puedes hacerte una paja).
Prueba el cinco contra uno,
sácale brillo al pelón,
toca el pito, la zambomba,
(En pijo, masturbación).
Cáscatela como un mono,
y haz volar la cometa,
hazte una buena manuela,
un buen toque de corneta.
Hazte un dedo, si eres moza,
acaricia tu pepita,
mete un dedito en el chichi,
juega con tu margarita.
Porque digan lo que digan,
es el sexo lo más sano,
mejor si es compartido,
pero si no, con la mano.
Y para no prolongarme
me voy corriendo al final.
Sólo me basta decir
¡Que viva el placer sexual!
Guiño
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Sorpresa, sorpresa

SORPRESA, SORPRESA

 

Acompáñame, te sorprenderas:
una noche con tantas sorpresas
que no olvidaras jamás.
Acompáñame una noche más
y verás que increibles sorpresas
conmigo te llevarás…
Acompáñame, déjate llevar
una noche con tantas sorpresas
sorpresas hasta el final.
Te sorprenderás,
acompáñame,
una noche más…
(Letra de la canción cabecera del programa Sorpresa, Sorpresa)

 

 

 

¿Lo recuerdas? Fue hace unos diez años. Ahora puedes decir que no, pero cuando se difundió la noticia, seguro que también pensaste que era cierta. De hecho hay pruebas de ello: el programa emitido el 12 de Febrero de 1999 tuvo un pico de máxima audiencia. Y el público ahí, en sus casas, de cara a la caja boba, sediento de morbo, ávido por saber qué había ocurrido en el programa de la semana anterior.

La presentadora, Concha Velasco, estaba ciertamente nerviosa; aún así, el programa transcurrió sin sobresaltos. Aburrido. Nada. Nadie dijo nada. No se comentó nada de nada. Pues claro… ¿Qué esperabas?

La historia se convirtió, pues, en una leyenda urbana, un rumor más, un bulo falso inventado probablemente por unos universitarios borrachos que lo desvelaron en un programa local de radio y que fue creído por unos cuantos (miles) de gilipollas cuando se fue transmitiendo de boca en boca. Incluso hubo algunos aún más gilipollas que afirmaron que lo habían visto; aunque luego se supo que sólo fue un rumor, un falso rumor.

¿O no?

No. Por supuesto que no. Ese rumor no fue tan falso. Esa historia fue verídica al 100%. Lo sé.

¿Que cómo lo sé?

Pues porque yo estuve allí.

Remontémonos al día del suceso.

 

Málaga, 5 de febrero de 1999

Natalia vuelve a casa del instituto, paseando tranquila, con los auriculares puestos, tarareando bajito:

Te besa y te desnuda con su baile demenciaaaal …
Tú cierras los ojitos y te dejas arrastraaaaaar…
Tú te dejas arrastraaaaaar…
Ella que será…
She’s livin’ la vida looocaaaaa…
 

La canción de moda de su amado Ricky Martin. Mira la pegatina de la carpeta que lleva entre los brazos. Aaaaay… ¡¡Qué guapo es!! Tan varonil, tan simpático, tan… buenorro. Esa mirada de seducción chocolate bombón, esa sonrisa pícara, esa voz sensual en sus oídos hace que a Natalia le entren esos espasmos como corrientes; las famosas mariposas revolotean en su bajo vientre y sus braguitas se empapan al imaginar que se encuentra entre esos brazos fuertes, esos labios dulces que la besan mientras…. mientras… mmmm.

Aprieta el paso para volver pronto a casa. Hoy es un día especial. Es su cumpleaños. Papá y mamá no están. Esta noche van como público, junto con parte de la población malagueña, a ese programa coñazo de Antena 3 que presentaba antes Isabel Gemio y que no estaba mal, pero que ahora ya no lo ve ni dios. Mejor. Prefiere celebrarlo sin ellos, así puede ponerse el video del concierto de su Ricky en directo las veces que quiera. Nunca se cansa de verle.

No es la primera vez que se queda sola en casa, ya es mayorcita, no es una niña, y su tía vive al lado, por si ocurriera cualquien percance. Y no, tampoco es que esté completamente a solas. Está Cuqui. Su precioso Cuqui.

Lo importante es que puede hacer todo lo que le apetezca: poner la música a tope, cantar a viva voz, bailar en bolas… e hincharse a comer pastelitos con mermelada sin que su madre le recrimine que se va a poner como una cerda de gorda si sigue comiendo así. Esta noche es toda, toda suya para hacer todo, todo lo que se le antoje.

Ni siquiera ha metido la llave en la cerradura cuando ya se oyen esos rasguños en la puerta.

-Sssssshhh… Cuquiiiii… -Natalia acaricia el lomo de su perrito-. ¿Qué te pasa? Hay que ver qué inquieto estás. ¿Es porque te han dejado solito? Venga, no lloriquees, tontín. ¿Tienes hambre? Ahora, en seguida te pongo tu merienda. Te vas a pegar un buen atracón.

Y tan bueno… Ya lo creo. Cuqui no podía imaginarse el festín que esa tarde su amita Natalia le iba a propinar.

El perrito la mira ladeando la cabeza y corretea ladrando nervioso a su alrededor mientras la chica deja el abrigo, la bolsa con los libros y la carpeta sobre la cama.

Su habitación parece un santuario dedicado al ídolo de oro de un pasito p’alante María, un pasito p’atrás… Posters, álbumes, cds, fotos dedicadas, recortes de revistas… Todo un monumento al cantante de culto oculto. ¿Oculto?

Sí, síiii… ¡Síiiiiií! Ahí estaba él… Oculto en el armario. ¡Ricky Martin! El de La Copa de la vida, sí, ese mismo, el genuino, allí, escondidito en el ropero de Natalia.

El cantante portorriqueño se revuelve incómodo. Aun estando en febrero, en esa casa y en ese armario hace un calor de mil demonios. La pavita ha puesto la calefacción a tope y el muchacho está empezando a sudar a mares. Afortunadamente su asesor de imagen le aconsejó llevar una camisa negra, que no deja ver los cercos en las axilas. El redactor, a través del auricular de su oreja, le susurra que tenga un poco más de paciencia. Hay un fallo en las transmisiones y las cámaras no funcionan. Unos minutos más y ya se le avisará. Lo que hay que hacer para promocionar un disco…

Natalia conecta el equipo de música y tararea mientras entra en el baño. Cómo iba a suponer la dulce Natalia que su casa estaba llena de microcámaras de grabación disimuladas entre los muebles, lámpara y cortinas, enfocando todos los puntos del dormitorio… y que su adorado estaba tan, tan cerca. Sí. En el armario.

(Bueno, ahora no hace falta ser muy lumbrera para adivinar que tarde o temprano Ricky Martin saldría del armario; y es que, por mucho que digan, Chayanne no es gay, que siempre ha tenido pinta de macho machote, pero… ¿el Ricky Martin?… ains… pues… no, que eso ya se veía venir, pero esa es otra cuestión. Centrémonos en los hechos de ese día).

La chica entra en el cuarto de baño. Cuqui la sigue y la contempla con adoración mientras ella se desnuda. El sueter de cuello vuelto, el pantalón vaquero, la camiseta, el sujetador blanco y las braguitas, todo cae al cesto de la ropa sucia. Ante el espejo Natalia sube su cabello castallo y lo engancha con una pinza. Retira con una toallita los restos de maquillaje que no logran cubrir la cantidad de granitos de su frente, y entra en la ducha. El agua caliente es reconfortante tras un duro día de clase en el que no dio una en física y química, y en el que nadie recordó su cumpleaños. Nadie. Tampoco tiene tanta importancia. Siempre fue bastante solitaria y tímida; el tipo de chica que le gusta a Ricky.

-Eh, Cuqui, deja eso, no seas malote… Mira que te gusta juguetear con mis braguitas, so malo, que luego me las rompes con esos dientes, bicho, que eres un bicho…- y retira las braguitas del hocico del perrito, que las olisquea y chupetea babeante.

Natalia tiene hambre. Así, como su madre la trajo al mundo, se dirige a la cocina y abre la nevera dispuesta a pecar y darse un buen atracón. ¡Pasteles de crema con mermelada de fresa! ¡Sus favoritos!

En un plato coloca una media docena de pastelitos y se dirige a su dormitorio. Cuqui la atosiga famélico y su amita le sonríe.

-Venga, que nos vamos a poner mora’os.

La joven se tiende sobre la cama, desnuda. Su cuerpo irradia el brillo manifiesto de las curvas de la incipiente juventud, y el rostro conserva aún las redondeces ligadas a la niñez.

La nata dulce se funde en su boca, la fresa ligéramente más ácida produce una explosión de deleite al degustar el manjar. No sólo es el gusto, ahora está sintiendo el placer en grado sumo en todos los sentidos. Los oídos complacidos con esa voz sensual de acento y ritmo caribeño, sus ojos contemplando la imagen del bello Ricky en el poster gigante pegado en el techo, el aroma que desprende su cuerpo de mujer tras la ducha y… y el tacto… el tacto húmedo y cálido de la lengua de Cuqui chupeteando sus dedos impregnados en nata y fresa.

-¿Tienes mucha hambre, verdad? -Natalia se ríe y una porción de pastelito cae sobre su pecho. Cuqui salta a la cama y sin esperar permiso se lanza al ataque, a por el pedacito de manjar suculento. Su lengua revoltosa se divierte rechupeteando el pezón impregnado de nata, y la chica…

 

…pues la chica siente de nuevo ese revoloteo en sus entrañas, el pezón se endurece por las atenciones de Cuqui… su mirada sigue fija en él, en Ricky, y susurra su nombre mientras deja caer con escasa casualidad y mucha más premeditación otra porción de nata y mermelada en el otro pecho.

Ay… Natalia… oyes la voz de tu amado cantando, y cierras los ojitos y te dejas arrastrar… Y eso haces, cierras los ojos y te dejas arrastrar. La excitación ya es extrema, Natalia. Tu cuerpo clama febril y desesperado, y es que te mueres de deseo por él, que nunca te han tocado otras manos que no sean las tuyas propias, y en este momento es él, es Ricky quien te lame todo el cuerpo untado en crema. Es él, con esa sonrisa tierna y pícara, quien se mete entre tus piernas a saborear goloso el dulce manjar que le ofrece tu sexo. Es Ricky quien te lame, quien te hace estremecer de gozo, es él el que te lleva al límite. Sigue, cariño, sigue Ricky, fóllame, siénteme, hazme tuya… Te quiero Ricky, te quiero…

Seis minutos, catorce segundos. Tiempo de grabación del hecho consumado y tiempo en el que el redactor Arturo recibía la señal y relataba con asombro (y excitación, no lo vamos a negar) lo que estaba ocurriendo en esa habitación, y que se iba transmitiendo por las ondas hasta llegar a casi todos los oídos involucrados en esa Sorpresa, Sorpresa.

-Que sí, que sí, que el chucho le está comiendo todo el potorrito a la chavala, unta’o en mermelada, tío. Sí, ella está en pelotas sobre la cama, agitándose como una perrita en celo, no veas lo que estoy viendo, qué pasada… Joder, tío, la hostia… que la chavala se ha puesto a cuatro patas, y se mete un dedo en el ojete mientras el chucho ahí, chupa que te chupa el chochamen…

Arturo ******, así se llamaba el redactor, ese que tuvo esa especie de revelación malvada y propició todo lo que acontecería después para aprovecharse de esta situación.

No, Arturo. La envidia no es excusa. No es excusa que Ricky Martin ganara mucho más dinero que tú, ni que fuera más guapo, tuviera más éxito con las niñas, y eso que tú eras de los que decías por ahí que el Ricky Martin no era un hombre, sino que era un mariconazo como la copa de un pino. Ricky Martin obedeció tus indicaciones por el micro y salió de su escondite en ese preciso momento.

No os podéis imaginar qué plan… Natalia en bolas sobre la cama soñando con su amado, Cuqui lamiendo feliz entre sus piernas… Y Ricky abriendo el armario y cantando cumpleaños feliz, cumpleaños feliz…

¡¡Sorpresaaaa!!

Ya lo creo que fue una sorpresa. Los ojos de Natalia, en pleno éxtasis, se abrieron de repente como los de Candy Candy. Ricky se quedó mudo, congelado, solidificado y con la boca abierta mientras gotitas de sudor seguían resbalando indolentes por su nuca, impasibles al drama. Natalia, que grita como una loca; Cuqui, que sale disparado corriendo como ido, por toda la habitación, ladrando; Natalia, que se desmaya; Ricky ,que sigue petrificado… Hasta que reacciona.

Las cosas como son. Hay que reconocer que el muchacho supo reaccionar, que desde que Ricky Martin salió de ese armario, se comportó como un hombre de los pies a la cabeza y no como tú, Arturo, que eres una mierda de tío. Una grabación de una jovencita con un perrito es jugosa, pero para que además fuera lucrativa, necesitabas al cantante de moda en una aparición estelar, ¿verdad Arturo? Ya lo creo que Ricky se portó, pagó hasta el último céntimo que le pediste por tu asqueroso chantaje, y no lo hizo sólo para que todo se mantuviera en secreto por su carrera, también lo hizo por Natalia.

Dijeron que ella se suicidó a los pocos días. No, eso tampoco es cierto. Natalia no se quitó la vida aunque sé que estuvo a punto de hacerlo en varias ocasiones, abrumada por la vergüenza. Su madre ni le hablaba y su padre no la miraba a la cara. Contando con el apoyo de Ricky, la chica decidió desaparecer, se esfumó para comenzar en un nuevo lugar, una nueva vida. Olvidarlo todo y volver a empezar.

Todos los implicados perdimos algo ese día 5 de Febrero de 1999. Ricky perdió bastante dinero, Arturo perdió en el casino todo lo que había sacado con su chantaje, junto con su empleo y reputación, los padres de Natalia perdieron a su hija, Natalia perdió el respeto de los demás y de sí misma durante mucho tiempo… Y yo…

Yo la perdí a ella.

Perdí a la persona que adoraba, a la que estimaba más que a mi propia vida. La deseaba, la amaba, la idolatraba. Esperaba todo el día sumido en la pena cuando se iba al instituto y no estaba a mi lado. Solo una caricia suya era capaz de elevarme el ánimo hasta el infinito. Era su olor, su sabor, su voz, sus manos… Hacía que me volviera loco. Deseaba tanto lamer todo su cuerpo y hacer que se sintiera feliz. Era mi ama, era mi vida, era mi todo… Y todo se terminó ese día. Ya no quiso volver a tocarme, no quería ni verme. Le recordaba lo ocurrido y lloraba en cuanto me acercaba a ella. Me mandaron a casa de su tía, pero ella se cansó pronto de mí. He ido de casa en casa, de amo en amo, hasta que me dejaron tirado en una carretera comarcal.

Ahora vivo en la calle, medio ciego y mendigando lo que puedo. Tengo ya 15 años, así que poco tiempo me queda de vida. A veces pienso que todo esto fue culpa mía, que yo propicié que ocurriera por mi zoofílica perversión hacia mi ama, pero es que no pude controlarme, la amaba tanto… Ya han pasado diez años de este episodio que os acabo de confesar, y deseo de todo corazón que a Natalia le haya ido genial en la vida. En estas noches en vela me la imagino de nuevo con su sueter de cuello vuelto, su sonrisa encantadora y trabajando como entrenadora para competiciones de perros de raza, y entonces me muero pensando que pueda haber otro Cuqui en su vida y que sí, que se olvidó por completo de mí.

Yo nunca te olvidaré, mi amita, te querré siempre, siempre te querré, mi amada Natalia.

Siempre y para siempre, Cuqui, tu perritillo.

  LÍNEA CALIENTE 

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LAS GUARRAS DE LAS GALAXIAS (EPISODE III)

 

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 Advertencia: Este relato contiene contenido sexual explícito, por lo tanto no es adecuada su lectura para los menores de 18 años.

Nota de GatitaKarabo: Este relato ha sido escrito entre el gran autor de Todorelatos llamado Masulokunoxo (Masu, para abreviar) junto con  una servidora la GatitaKarabo, uniendo ideas cada vez más alocadas para crear esta irreverente historia de monjitas galácticas y de polvos redentores. Ha sido un verdadero placer escribir con un escritor tan ocurrente y con un sentido del humor tan peculiar (cachondo) como el mío. Espero que lo disfrutéis tanto al leerlo como nosotros al escribirlo. Gracias.

ESCENA XXI.

(El gran día ha llegado. El examen de posiciones horizontales básicas de folleteo, congrega en la bodega de carga a todo el pasaje y tripulación de la D.G –para algo está el piloto automático, ¿no?

La única que falta es sor Angustias, encerrada bajo siete llaves en un compartimento estanco a prueba de fugas. La muy borrica, en un ataque de locura, estuvo a punto de abrir una exclusa exterior de la nave, alegando que tenía que ir a la charcutería.

Las nueve novicias están eufóricas y excitadas, parloteando y toqueteándose entre ellas sin parar, luciendo como única indumentaria unos preciosos aros iridiscentes, con incrustaciones de carbo-neón, en las muñecas y los tobillos.

-¡Estás divina, Amelia! El color de tus pezones, a juego con tus labios, resulta irresistible- exclama Patricia, que, efectivamente, no se resiste a chuparle golosa ambos pezones.

El resto de novicias, con la disculpa de darse ánimos unas a otras, lo que se dan es un filete descarado, hasta que el alboroto que organizan con sus chillidos, y algún ahogado gemido, le sale de ojo a sor Dómina, que no puede reprimir su manía de dar órdenes.

-¡Novicias! No os voy a pedir recato, porque esos tiempos han pasado a la historia…pero ya está bien de tonterías y…¡Angélica! Haz el favor de sacarte los dedos del chichi, que eso es hacer trampa. Por favor, sor Fina, proceda de una vez con el examen, antes de que estas locas organicen un desaguisado.

Sor Fina de Karabo, impresionante, embutida en la ceñida túnica de símil-seda transparente, y flanqueada por un visiblemente demacrado fray Tipi de Cosobi, procede a establecer los turnos de examen. Comenzará X69, al que se le ha puesto al día la programación, para adaptarla al exigente trabajo que le espera de aquí en adelante, sustituido el colgajo que le implantó sor Frígida –con más voluntad que maña- por una lengua totalmente operativa y una polla retráctil que es un primor. Las tres novicias que debutarán con él, escogidas al azar, cambian enseguida el gesto de disgusto por un “Oooh” admirativo, en cuanto X69 activa con la voz

-“Pollaz fuega”- su instrumento.

El siguiente será fray Tipi, al que ha tocado en suerte Angélica, junto con otras dos no menos voraces novicias, que dirige un gesto de “Nos vemos luego” dirigido a sor Frígida, que ha escogido para la ocasión un conjunto sexy de corpiño y liguero negros de símil-cuero, a juego con unas medias de hilo de carbo-neón que emiten hipnóticos destellos dorados.

Por último, Vitus Lafontaine, que se ha unido a la fiesta en el último momento, es abordado por Patricia, Amelia y otra novicia más, que baten palmas con las manos y aplauden también con sus chochitos, orgullosas de catar al semental que, según los últimos rumores, es acaparado por la madre superiora…siempre abusando de su posición, la muy bruja. Vitus se deja conducir por sus tres entusiastas candidatas a la plataforma acolchada que servirá de multitudinario catre de folleteo, dibujando una torcida sonrisa de cabronazo cuando pasa por delante de su –hasta ayer, pero nunca jamás- adorada Domi. Si las miradas matasen, la que le devuelve sor Dómina lo estrangularía, acuchillaría con saña, lo pondría a la brasa en los escapes iónicos de la nave, le pondría una pizquita de sal y usaría los restos para cebar a las ratas mutantes de las lunas de Júpiter.

-Pero si éste se cree que estoy celosa, va listo- se consuela a sí misma.

-¿Y nosotras…Estamos exentas?- pregunta una decepcionada sor Frígida, que aún no se cree la cantidad de salvajes orgasmos que su pichoncito Tipi es capaz de proporcionarle con el látigo multiorgásmico ACME. -Como estas lobas me lo agoten, van a saber quién es la Frigi cuando se calienta.

-A vosotras os reservo una prueba especial, con Lucilla y conmigo como maestras de ceremonia- contesta con desparpajo sor Fina, sacando de no se sabe dónde un muestrario de juguetitos a cual más exótico.

- ¡Jesús, María y Spock! ¿Seguro que eso nos cabe?- exclama consternada sor Frígida, señalando un aparato de dimensiones monstruosas, imaginándose con él dentro y visualizando al pavo relleno de la cena de Nochebuena. No hay peligro. La bruja de sor Fina, que se las sabe todas, lo utiliza como elemento de distracción para que sus pupilas no se asusten cuando echa mano de otros cachivaches menos espectaculares.

Mientras tanto, X69 ya está en plena acción, dando una buena ración de polla con accionamiento hidráulico a dos novicias que, tumbadas una encima de la otra, se morrean con pasión. La tercera espera su turno y entretiene la espera con los tres deditos que X69 le tiene encajados en el chichi.

Fray Tipi, al que sus tres ansiosas novicias no han dado ni tiempo de quitarse la túnica, está tumbado de espaldas, con la incómoda prenda tapándole la cara –en la vieja Tierra a eso se le llamaba “la lechuga”, truco muy práctico, cuando de tirarse a una tía fea de cojones se trata-, con lo que se pierde el espectáculo de ver una boquita de piñón mamándosela a pulmón libre, otra devorándole los huevos, y la tercera amorrada a su culo, tanteando la firmeza del esfínter con la punta de la lengua.

Y no menos acosado se ve Vitus, ya en pelota picada, en una extraña postura: de rodillas, con la cara enterrada entre los muslos de Amelia, con Patricia tumbada y colgada de sus caderas, dándole un buen repaso a la polla, y la otra novicia haciendo lo propio con su compañera. (Es una lástima que la holograbación se haya perdido y no puedan apreciar el escultórico efecto de los cuatro cuerpos).

Hora y media después, fray Tipi yace desfallecido, más muerto que vivo. Sus tres novicias se esfuerzan con la respiración boca a boca y el masaje cardiaco…pero eso no tranquiliza a sor Frigi, que duda de los métodos de reanimación de esos tres putones. ¿Desde cuándo el boca a boca se da con lengua? Y peor aún…¿Masaje cardiaco con dos dedos en el culo del paciente?

Algo más fresco se ve a Vitus, aunque la cara de susto no se la quita nadie. -¿Quién cojones me manda meterme en estos “fregaos”? Con lo a gusto que podía estar ahora con Lucilla, que con dos polvitos y una mamada me deja como una rosa. En cambio, estas cabronas, están empeñadas en licuarme la médula espinal y sacármela por la punta del nabo- reflexiona el intrépido comandante espacial, que jamás se ha visto más apurado. Y menos mal que no ha visto las furibundas miradas que le lanza sor Dómina, porque entonces sí que se acojonaría de verdad.

Ni sor Domina de La Vega ni sor Frígida de La Flagelación están en lo que se celebra, a cuatro patas y recibiendo cera por detrás -a manos de sor Fina y Lucilla, respectivamente-, equipadas con unos vibradores con arnés que, en otras circunstancias, les habrían bendecido con media docena de orgasmos vaginales y un par de “sustos” anales. Es lo que pasa cuando participas en una orgía e incubas un ataque de cuernos agudo.

Pero nos hemos olvidado de X69. ¿En qué condiciones se encuentra el simpático androide?

-¡Ezto ez la foztia! Ven p´aca, guicuga, que zólo quedan doz gondaz paga la media docenita.

No hay que preocuparse por X69. El indicador de la pila fotofónica sigue en verde y aún le queda batería para rato. Las que deberían preocuparnos son las tres novicias, que presentan síntomas de tumefacción labial –bucal-, hinchazón labial –de labios mayores y menores-, calambres vaginales y escandalosa dilatación anal. Aunque todas han aprobado el examen, éstas se merecen matrícula de honor.


ESCENA XXII.

(Sor Dómina de La Vega y sor Frígida de La Flagelación pasean por el mirador de la D.G, un lugar tranquilo, con preciosas vistas y propicio a las confidencias. El léxico empleado por la Frigi no es tan fino como el que solía emplear antes –como a buen seguro no dejará de observar el astuto lector-, debido a la nefasta influencia que ejerce sobre ella el deslenguado de fray Tipi).

-No merece la pena llorar por semejante capullo, Domi, hazme caso. ¿Te acuerdas que hace diez días casi nos caemos de culo cuando se presentó en el convento rascándose los cojones y apestando a seudohabano? Pues esos tipos no cambian…o sí, pero a peor.

-¿Cómo se puede ser tan encantador y, un momento después, tan asquerosamente insensible como para llamarme puta a la cara? Yo trataba de explicarle que las normas de nuestra orden han cambiado de la noche a la mañana…Imagínate, la escena, Frigi. Aún no se me había pasado el susto y la impresión…-tremenda impresión, cuatro veces impresionada- de la primera vez, y al mala bestia le faltó poco para compararme con el engendro mecánico de Lucilla- se confiesa la madre superiora entre sollozos e hipidos.

-Esto…¿Has hablado ya con sor Fina?- pregunta inquieta sor Frígida, que no puede evitar dar un respingo al oír nombrar a Lucilla.

¿Cómo explicarle a Domi que ha sucumbido a los encantos de esa cosa –¡pero qué cosa más rica, santa Genoveva!- en un momento de debilidad? Y hablando de debilidad: ¿Porqué ha tenido que fallarle, precisamente ahora, el pichafloja de fray Tipi? ¡Menudo campeón de pacotilla del Polvo Redentor está hecho! Claro, una que es muy sor, y no perdona la ración diaria de flagelo –la que el pichafloja no le dio ayer-, se encontraba indefensa, incapaz de decir no a un buen 69. No es lo mismo que te frían el culo a latigazos –y ten den después por el ídem, cuando aún te escuecen las nalgas-, a que te coman el chochito con tanto arte. ¡Qué va a ser lo mismo! La próxima vez que se le acerque fray Tipi, se va a enterar de lo mono que le queda el mango del látigo encajado en el ojete. ¡Por sus muertos que sí!

-Si te refieres al cuento ése de que todos somos robots, sí, ya me lo ha contado. Lo que me confirma en mis sospechas: esos dos son espías enviados por los mecanos para sabotear nuestra misión. ¿Te imaginas que fueran falsos los documentos que nos enseñaron del Concilio Ecuménico Católico-Budista? ¿Y que la doctrina del Polvo Redentor fuera una?…una- sor Dómina es incapaz de terminar la pregunta, porque, de confirmarse sus sospechas, más le vale tirarse de cabeza al primer agujero negro que encuentre. –Andando, hay conectar con el Vaticano por la línea segura- decide finalmente, olvidándose de golpe del cabronazo de Vitus.

-Buenas…Verá, disculpe que le despierte a estas horas. Le pongo con la reverenda madre superiora sor Dómina de La Vega, abadesa del convento de las Teresianas Espaciales en la cara oculta de la Luna, actualmente en tránsito espacial hacia…Eso, ¿hacia dónde coño vamos, Domi?

-¡Trae acá, desastre! Sor Dómina al habla. Esto es una emergencia nivel 5. ¡Despierte a la Papisa inmediatamente!…(desfase temporal de diez segundos, antes de recibir la respuesta)…Mire, buen hombre, no me toque la toca y no me haga decir alguna barbaridad…(desfase)… ¡Póngame con la Papisa, ya!…Y me importa un comino que esté comulgando con la polla del Dalai o afeitándose el conejo. ¡¡¡NIVEL 5!!!

-No te lo vas a creer, Frigi. La Papisa acaba de parir esta mañana un bebé color café con leche, tirando a marrón oscuro. Al Dalai, imagino que por el disgusto, le dio un mal aire y se tiró por el balcón de la Plaza de San Pedro, sobreviviendo a la caída, pero no a la estampida de los fieles congregados, que lo han pateado más que el felpudo de los almacenes ACME en rebajas. Y el cardenal camarlengo, el único que había disponible para atender la llamada, me acaba de terminar de poner los pelos de punta- anuncia con hilo de voz Domi, sin acabar de creerse aún lo que acaba de escuchar.

-¡Jooodeeerrr! ¡Uy, perdón! ¿Aún hay más?

-Sor Fina y fray Tipi son quienes dicen ser, confirmado…y algo más. Debemos creernos lo que nos cuente sor Fina…sólo sor Fina. Si no la creemos –será difícil, o tenemos unas tragaderas como las de la Papisa, según el camarlengo-, basta con pulsar su pezón izquierdo, girar la oreja derecha en el sentido de las agujas del reloj…-¿Tú te acuerdas en qué sentido giraban esos trastos prehistóricos?- y teclear un código de nueve dígitos –espera que lo apunto, antes de que se me olvide- en el panel deslizante que aparecerá a la altura del ombligo.

-¿Y luego? No me digas más, se autodestruirá en treinta segundos- sor Frígida intenta tomarse a la ligera lo que acaba de oír, pero le tiemblas las piernas.

 

 

ESCENA XXIII

Al día siguiente se convoca una reunión de urgencia en la bodega de carga, con asistencia obligatoria para todos los pasajeros y la tripulación al completo, androides de reparaciones incluidos. Sor Angustias no está invitada. De hecho está encerrada, amordazada y dopada, ya que no hay dios que aguante a la vieja, empeñada en romperles los tímpanos a todos a berrido limpio.

Las novicias, pensando que se trata de una prueba especial de aptitud, se arañan y amenazan con sacarse las tripas unas a otras. -¡Me pido a X69, me lo pido, me lo pido…que te rajo, so puta!

Vitus, medio loco con el run-run de sor Angustias, amenaza: -O hacen callar a la loca, me importa un huevo cómo…o la utilizo como blanco del cañón de impulsos de la nave.

Fray Tipi, anonadado por la revelación que tuvo escuchando lo que no debía, la mirada perdida, y aún muy débil para pensar con claridad, repite un mantra: -Reinicio, beep, beep, reinicio.

Con un gallinero tan alborotado, sor Dómina se teme lo peor, pero está decidida a aclarar el misterio de una vez por todas y delante de testigos. Lo peor que puede pasar es que a la mitad le dé un patatús, y la otra mitad se arroje al vacío estelar por la escotilla de emergencia.

-Que sea lo que Dios quiera- resume, santiguándose.

-Sor Fina, por favor, descúbrase.

Obedientemente, sor Fina se descubre de pies a cabeza, plantándose en pelota picada delante de sor Dómina, sonriendo, como si la cosa no fuera con ella. A continuación, toca el timbre de su pezón izquierdo y gira simultáneamente la oreja derecha hacia atrás. Los atónitos espectadores no dan crédito a sus ojos al descubrir el panel de cristal líquido en su barriguilla, mientras sor Dómina, tan tranquila, teclea en él.

La bodega de carga se ilumina con la proyección audio-holográfica de la Papisa –sin bombo, así que la grabación es de hace meses, piensa sor Dómina- acompañada del Dalai –pobrecito, en paz descanse- y toda la corte de cardenales del Vaticano detrás. Ellos luciendo conjuntos de sotana, esclavina y birrete; y ellas con preciosos vestidos estampados de corte chino, entallados, largos y con abertura lateral hasta la cadera, y todo ello con el sello inconfundible de Emidio Mindundi (Colección Primavera-Verano 2.876).

Queridísimos hermanos y hermanas, tengo el penoso deber de anunciaros una mala noticia. También hay una buena, así que…¿Cuál queréis primero, la buena o la mala?

Venga, primero la buena. Pronto estaremos a salvo de la amenaza mormo-talibán, siempre que coronéis con éxito la misión que se detalla en archivo adjunto “sólo para los ojos de la madre superiora”. No os preocupéis…Está chupado.

Ahora la mala. Agarraos y que no cunda el pánico, por favor.

Ya habréis notado que sor Fina presenta…digamos, alguna característica un poco rara, ¿verdad? Por favor, que ninguna hermana trate de imitarla. Lo único que iba a conseguir es ponerse cachonda y terminar con las orejas doloridas. Sor Fina es el modelo original, permanentemente actualizado, del prototipo G. Karabo. ¡Exacto es G. Karabo “in person”! ¿A que se conserva estupendamente?

El resto, pobres mortales, somos versiones con fecha de caducidad del prototipo original. Estos chapuzas de la Microsoft & Movistar Company no se gastaron un duro en el proyecto de desarrollo y, claro, así nos va. Material biodegradable, decían. Pero bueno, eso ya no tiene remedio y nos toca apechugar con un chasis que terminará siendo pasto de los gusanos recicladores. Mucho más importante es saber que nuestra programación refleja a la perfección la mente humana, así que podemos decir que somos humanos, con micropocesadores en lugar de ADN. ¿Pero a quién le quita el sueño tan insignificante detalle?

Os estaréis preguntado si quedan humanos auténticos…de los de antes, y qué pasa entonces con los robots actuales. La respuesta a la primera pregunta es que no, aunque ya empieza a circular por ahí la leyenda interplanetaria de que alguno queda. Respecto a los robots actuales, pueden elegir entre seguir siendo tostadoras con patas –con fecha de caducidad indeterminada- o cambiar su programación a la opción B…y palmarla como todo hijo de vecino, por oxidación acelerada de sus componentes.

Venga, que no decaiga el ánimo y entonemos con brío el himno teresiano espacial.

QUÉ BUENAS SON LAS TERESIANAS ESPACIALES

Y CON SUS MONOS ESPECIALES MOLAN MOGOLLÓN.

 

 

ESCENA XXIV

(Tres meses más tarde, el cava hidropónico Frei & Xenet, marca blanca del monopolio espacial ACME, corre a raudales por la D.G, contribuyendo al ambiente festivo que se respira a bordo).

-Domi, querida, ¿hace otro chorrito de cava en el ombligo? A mi me pone como una moto beberlo así. A ti también, ¿verdad?- pregunta un más que achispado Vitus a una no menos pedo –por la falta de costumbre en empinar el codo- sor Dómina, que retoza juguetona entre los almohadones del camarote del comandante.

(Un momento. ¿Qué pasa aquí? ¿Estos dos no andaban antes tirándose los trastos a la cabeza? ¿Dónde está el cacho de película con la reconciliación? ¿Y qué coño están celebrando? ¿Ven ustedes lo que pasa en estas peliculitas de arte y ensayo de ínfimo presupuesto? Y, encima, sin efectos especiales. ¡Cagunmismuelas, menudo timo!)

-Vale, pinchoncito mío, pero luego me vengas con que te escuece la polla cuando te la meto en la copa. El cava con leche me chifla.

(Ahora toca esperar un buen rato, así que ármense de paciencia, aprovechen para ir al baño o a por la cervecita, mientras Vitus se pone ciego chupeteando el ombligo de Domi, persigue implacable unas gotitas que se le escurren hasta el conejo, y termina haciendo trampas –confirmándonos que este chico no es de fiar- metiendo la lengua en la cueva del conejo. Ahora le toca el turno a Domi, sorprendiéndonos con una felación con mucho estilo –está claro que ha practicado mucho desde la última actuación-: moja el churro, se come el churro; lo moja, lo come; moja, come; …, … parece que ya…no, todavía no; … , … ¡Bien, ya era hora, coño! A ver si ahora nos dejamos de guarradas y nos enteramos de algo).

-Venga, no seas tímido y pregunta lo que me hicieron los hijos de puta mormo-talibanes cuando me capturaron. Sé que te mueres por saberlo, pero temes que la respuesta te haga hervir de celos y que yo me ponga bruta…como la última vez- le suelta Domi, así de sopetón, sin anestesia, a un Vitus muy sensible con el tema.

-No sé si es peor saberlo o imaginármelo. Si me dices que te han tocado un solo pelo, los achicharro a cañonazos de impulsos. Si me lo tengo que imaginar…los achicharro igual. Así que sé buena chica y dime que se han portado como unos caballeros. ¿Y cómo sabías dónde se escondían? Porque el asteroide está bien camuflado entre los anillos de Saturno.

-Gracias a un chivatazo de sor Fina. El plan de sabotaje también era suyo. Había que dejar que nos capturaran…por eso salimos de excursión en la lanzadera como dos turistas de picnic.

-Sin avisar, desgraciada. Pillé un rebote de cojones al enterarme y casi me da mal cuando localicé en el scanner a las naves mormo-talibanes.

-Después del interrogatorio de rigor…sin que nos violaran ni nada, aunque íbamos preparadas para la eventualidad, nos encerraron. Para sor Fina fue un juego de niños reventar la cerradura de la celda –brazotes y piernotas de aleación hiperresistente, como la llamaban en el s. XXI-, colarse en la sala de control y descargar el archivo condensado con todos los conocimientos que esos animales se empeñan en negar. Dentro de una semana se habrán infectado todos con un ansia compulsiva de saber…y adiós amenaza mormo-talibán- resume telegráficamente sor Dómina la aventura.

-Ya, y después pensabais pedirles permiso para volver, tan ricamente.

-No, para eso estabas tú, mi celoso Vitus. Contábamos con que aparecerías echando espumarajos por la boca, repartiendo cera a diestro y siniestro y poniéndonos a salvo…como así fue- termina Domi de relatar, carcajeándose en la cara de un Vitus fingidamente ofendido.

-No sabes cuánto me jode ser tan previsible, bruja. ¿Y ahora, qué?

-Ahora, con mis novicias en plena forma, a propagar la doctrina del Polvo Redentor por todo el sistema solar y más allá. Sigo siendo una monja…lo sabes, ¿verdad? Lo que me pide el cuerpo es otra cosa…también lo sabes, ¿verdad?

-…

-Ahora deberías ponerte de rodillas, jurarme amor eterno y dedicarte a convertir a esas pobres descarriadas…porque se te da muy bien.

-La oferta es tentadora, Domi, pero no me armes un escándalo si la rechazo. Tú eres una monja…con sus manías de beata, aunque últimamente vas mejorando. Y yo un cabeza hueca con culo de mal asiento. Íbamos a hacer una extraña pareja.

-Lo sabía.

-Pero vuestra orden, y lo digo pensando únicamente en el éxito de la misión, tendrá que moverse de aquí para allá continuamente, ¿no? ¿Y qué mejor piloto que yo conoces?

-Señor Vitus Lafontaine, me complace informarle que acaba de resultar adjudicatario del contrato de transporte de las Teresianas Espaciales…en exclusiva.

****************

 

EPÍLOGO

 

 

 

-Cuaderno de Bitácora de la nave Delicious (.) G, 15 de Julio, año lunar 2.882. Destino: Vía Láctea, sector 328, cuadrante 660, más concretamente, el Planeta Tierra -Vitus iba a encender el puro, pero desiste para no liarla, y se reclina de nuevo en su sillón de comandante de la cabina de vuelo.

-Yo voy a bajar en Tierra-interrumpe una voz tajante, desde la cama.

-Tú te callas -le señala con el dedo un Vitus visiblemente molesto, susurrando-. Y no me interrumpas.

-Bueno, pero que sepas que yo voy a Tierra.

Vitus la mira, entorna los ojos y suspira… La adora, la quiere con toda su alma, en serio, y eso que pensaba que la cosa no funcionaría, pero es que hay días en los que se plantea muy seriamente agarrarla del pescuezo y lanzarla por una de las escotillas de la nave. Vuelve a darle al botoncito del panel digital y prosigue.

-Han transcurrido cinco años desde el éxito de nuestra misión contra la amenaza mormo-talibán. Aún así, y atendiendo a las últimas pesquisas de nuestras confidentes (hay que ver cómo sacan información nuestras monjitas Teresianas Espaciales a los feligreses, además de sacarles la poll… bueno, otras muchas cosas más, ejem…), quedan reductos rebeldes terroristas ocultos en nuestro Planeta Madre. Así que allí nos dirigimos. La propagación del saber, la cultura, y el antídoto anti-virus de la ignorancia a través del Polvo Redentor, han sido todo un éxito. Siete de nuestras antiguas novicias, gracias a su aplicación y las horas y horas dedicadas a sus oraciones… venga, dale que te pego a rezar, dale que te pego, ora et labora, ora por delante, ora por detrás, con grupos inmensos de feligreses impíos…y hay que ver lo inmensas que las tienen algunos de esos desgraciados ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí… Pues estas emprendedoras sores ahora dirigen noviciados, beaterios o casas de puti… digo…ejem… templos de retiro y relax de la orden Teresiana, situados en los principales puntos de la galaxia.

Sor Amelia y Sor Patricia y Sor Rosalinda, capitaneadas por Sor Frígida de la Flagelación, están en el más allá, Dios las asista, en el nombre del padre, de la madre, de la hija, del hijo, del hijo de p.. de buda, hijo de buda. -ahora se pone colorado- !Joderr! Tanto tratar con monjas, es lo que tiene, que se te acaba pegando, mecaguuuunnnn… Voy a acabar de rodillas y rezando el rosario, las letanías y la salve rociera vestido de lagarterana. Coño, Vitus, quién te ha visto y quién te ve.

No. No es que Sor Ame, Sor Patri, Sor Rosi y Sor Frigi la palmaran, sino que están más allá del último cuadrante conocido, en una nave exploratoria misionera para convertir a los infieles, a esos nativos salvajes degenerados mutantes del espacio exterior de los planetas inexplorados. En cuanto se enteraron de que eran poblados atrasados que habitaban en chozas junto con el ganado, en plan rústico, ellas se empeñaron en llevarles la palabra del Señor e inculcarles el saber y la ciencia, como buenas hermanas misioneras. El caso es que, sinceramente, yo creo que se empeñaron en cuanto se enteraron que los salvajes mutantes tenían un buen par de pollas cada uno. Incluso las hembras tienen un pollón de 20 cm incrustado en la frente, a modo de unicornio.

-Va a empezar la holopeli de X69 en el canal 234XXX. ¿La vamos a ver?

-No, Domi, no la vamos a ver -Vitus, irritado, le quita el mando de la holovisión y cambia de canal a un informativo-. Es un desertor. ¡Será posible, el cabrito renegado del X69! ¡Un miembro androide reputado no abandona nunca la nave a su cargo! Ni aunque le ofrezcan un contrato fabuloso como porno-star en los canales XXX. De oro y adamianto se ha recubierto la polla, el muy… re…putado. La culpa de todo la tuvo la bruja esa de la Sor Agonías, inculcándole esas ansias de liberación. Que si somos libres, que si no somos esclavos, que si ya se sabe que somos todos de la misma raza robótica, que está muy feo que un robot posea otro robot, que si me siento como Kunta Kinte, que no sé quien coño es, pero me tenía hasta los cojones de tanto nombrarlo… Y encima, con todos los votos a favor de las monjas por la liberación de mi equipo. Cualquiera no se rinde. Ahora tengo androides contratados afiliados al SC, el Sindicato Mecano. Sí, la choriza de Sor Angustias es ahora la principal dirigente sindical de los mecanos, con sede en Campillo de Salvatierra, cuna del chorizo ibérico. Y me callo, no vaya a ser que estos me oigan y se monte otra huelga de tuercas caídas, y todos cantando el hoy no me quiero levantar.

En ese momento, Fray Tipi de Cosobi aparece en la holopantalla saludando a una multitud desde el balcón del Palacio de la Santa Sede Lunar, ataviado con la singular capa de fibra vegetal simil-cotón amarillo azafrán, combinada con la túnica color rojo grana United Colored of Benitón, cinto dorado Dulce&Bannana, y rodeando con el brazo a su Santidad la Papisa, que luce mitra, sotana, casulla y estola en simil-lino color melocotón, fiel a su diseñador habitual Emilio Mindundi, aunque por cuarta vez repitiendo traje, como podrás leer, avispado lector, en la revista HuolaCaracuola. (Eso en el caso de que seas un prototipo de los de calidad, un chatarra sin fecha de caducidad o un pseudohumano de la generación del 28-00. Si no, pues te lo cuento yo, y tú te lo crees, que así lo afirman Mari_ñas.01 y la MaríaPati_ño.02).

-Se ve raro a Fray Tipi así, todo calvo, ¿no?

-Se le ve como el culo. Chulo cabronazo. Ni un pelo, sí, ni un pelo de tonto tenía el reiniciado… Venga a reiniciar, venga a reiniciar… Y al final se reinició en la congregación budista, que ya sabía yo que era todo un hijo de Buda, con la idea fija de llegar a ser Dalai Lama…Lama…drequeloparió, y consolar a la viuda Papisa. Buenooo… Consolar a la viuda por delante y por detrás al resto de la curia de cardenalas, que las deja llenas de cardenales también por detrás, válgame la redundancia.

-Comandanteeee… -Domi se levanta de la cama y ronronea mimosa como una gatita a un Vitus que sonríe ya más divertido que enfadado.

-Cuando me llamas así, es porque quieres algo… Pues no, a Tierra no bajas.

-¿Y por qué no? -plantándose delante de Vitus y torciendo el gesto.

-Porque lo digo yo, que soy el dueño de la nave, el piloto comandante y porque… -se levanta de su asiento, acercándose a ella, y con una voz metálica medio asmática, profunda, sí, como Darth Vader, sí, esa, esa, sí, y con fondo musical de la Marcha Imperial, tata… tachan, ta tachan, ta tachaaan… añade- Y porque… yooo soooy tu paaadreeee…

La niña de cuatro años se pone colorada y toma aire. Aguanta la inspiración y luego explota berreando histérica. La enana tiene el mismito genio que su reverenda madre, y la misma tendencia a dar órdenes y salirse con la suya.

-¡¿Qué le has hecho a la pequeña Dominica…?!-Domi, la mami, afirma más que pregunta y entra en la cabina como un torbellino, abrazando a la nena y secándole los lagrimones- Ven aquí con mamá, preciosa. No llores, sabes que no puedes bajar en Tierra. Es un sitio peligroso y es cosa de mayores. Además, sólo vamos a recoger a un par de pasajeros.

-¿Ves? Lo que yo le decía. Será sólo unas horas, nanosegundo arriba, nanosegundo abajo. Papá volverá enseguida y te traerá un regalo bien bonito -¿Cómo es posible que, diciéndole lo mismo, con su madre se calme y con él berree? Los enanos son un misterio mayor que las mujeres. Si encima es enana, ni te cuento.

-Sí, volveremos enseguida, cariño, y te traeremos muchos regalos bonitos. Y ahora a dormir -dice Domi, la enana Domi no, sino la madre, la reverenda madre, ex-sor y ahora madre y esposa, que mira a Vitus con intención, ya que éste está a punto de protestar y decir que ella tampoco viene. Vitus se calla y espera a que Domi vuelva de acostar a la pequeña para protestar.

-¿Y la pequeña Domi? ¿Qué hacemos con ella? -pregunta Vitus, reticente.

-Se queda con Lucilla. –esta última acaba de entrar en la cabina-. Compré en Saturno el programa "Babbysitter SuperNanny marca ACME". Sólo basta introducir el pen_chip en su sistema y ya tenemos canguro especializada.

(Ahora yo podría argumentar el caso famoso de la minina… mininanny con doble programación, niñera y sexual, que se le mezclaron ambas una tarde aciaga, y que no voy a relatar por no volver a cabrearme y que se me salte un circuito. Aunque especulo que el fallo del prototipo se debió a que era de mala calidad…y a que se pegó un guarrazo patinando. Bueno, vale. Mejor me callo).

-Mi comandanteeee… -Domi se tumba en la cama, junto con la cyborg. ¿Es necesario que diga que ya están desnudas y toqueteándose? Creo que no-. Vitus, cielo… Mmmmm… Antes de introducir el pen-chip en el sistema de Lucilla, podemos jugar esta noche a tres bandas con tu hermoso pene-cipote, que puedes introducir en cada uno de nuestros sistemas.

La idea de una noche de sexo salvaje con Lucilla y Domi en su cama, esos dos cuerpos preciosos, dos pares de tetas, cuatro pezones, dos bocas con dos lenguas expertas, retándose para lamerle la polla, dos chichis divinos uno para cada mano, igual hasta una le come el chichi a la otra y viceversa, y luego se lo comen a él; y después, que si a ti te la meto, a ti te lo como, ahora este culito, ahora este otro culito… Y claro, la polla del comandante hace la ola, tan animada como la mejor cheerleader con sus dos buenos pompones. Y todos sabemos que cuando a un hombre la polla le hace la ola, ya no piensa con más cabeza que con la calva, que por muy pseudo-humanos mejorados que sean, el riego sanguíneo no da para tanto. Así que Vitus Lafontaine claudica y se baja los pantalones, eso sí, con una sonrisa triunfal y una polla que da brincos de alegría.

*****

OTRO EPÍLOGO QUE, COMO ME ENROLLO, HAY DOS.

La situación en nuestro Planeta Madre sigue siendo tan caótica como es habitual. Aunque la tortilla política se dio la vuelta, y distintos perros lucen los mismos collares, y a pesar de que la tecnología haya transmutado la mayor parte del entorno… hay cosas y lugares que no cambian por muchos siglos que pasen.

Ruinas de la Capilla de San Manuel, el Bueno, Mártir.

(Monasterio Cisterciense de la aldea de Valverde de Lucena) 18 de julio de 2.882

 

La sombra ataviada con el hábito deja el candelabro de fotones en el suelo. La monja se arrodilla ante la urna mortuoria del corpus incorruptus del santo, y con un empellón impulsado por la capacidad de esos brazotes y piernotas famosos en toda la galaxia, desclava la tapa de vidrio y mármol.

-¡Cagunmismuelas, GK! ¡Ya ni le dejan a uno echar una buena siestecita! ¿Y esa cara, Karabo? Miedo me das, bruja, que tú ya estás tramando algo.

-Venga, Masu, socio, levanta tu culo gordo y peludo de luchador de sumo de ahí, y muévete, que llevas unos ciento cincuenta años de siesta, y ni la bella durmiente, chaval -le sonríe la G. Karabo, alias Sor Fina, alias GK, alias GatitaK, alias… (También alias la zorra, aunque esa es otra historia, por Dios)

-Al menos a esa la despertaron con un beso, y tú me despiertas a gorrazos. ¿Qué pasa? -pregunta el hombre algo aturdido, sacando un habano de un envase hermético que mantenía oculto entre los pliegues de la sotana. (Un momento. ¿Acaso no dicen los libros de historia que murió descuartizado por los proto-talibanes de TR? Para que te fíes de

-Dentro de unos minutos aterrizará la D(.)G en la base de aerolíneas espaciales de Puebla de Sanabria. Tenemos una nueva misión. Te lo contaré todo por el camino. Nos espera fuera un aerotaxi. No, nooo… ¿Pero qué haces? Guarda el puro, que en los aerotaxis no se puede fumar.

-Buenuuuu… Mientras no tengamos que escribir en caracteres Klingon, ya me doy con un canto en los dientes- masculla entre dientes, intentando, de paso, levantarle el hábito a la socia…porque no hay cristiano que aguante ciento cincuenta años a palo seco.

La Karabo le mira con una media sonrisita, encogiéndose de hombros.

-¡Cagunmismuelas! ¡Cagüen los putos refajos de los cojones!

 

FIN

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LAS GUARRAS DE LAS GALAXIAS ( EPISODE II )

 

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 Advertencia: Este relato contiene contenido sexual explícito, por lo tanto no es adecuada su lectura para los menores de 18 años.

Nota de GatitaKarabo: Este relato ha sido escrito entre el gran autor de Todorelatos llamado Masulokunoxo (Masu, para abreviar) junto con  una servidora la GatitaKarabo, uniendo ideas cada vez más alocadas para crear esta irreverente historia de monjitas galácticas y de polvos redentores. Ha sido un verdadero placer escribir con un escritor tan ocurrente y con un sentido del humor tan peculiar (cachondo) como el mío. Espero que lo disfrutéis tanto al leerlo como nosotros al escribirlo. Gracias.

 

ESCENA XIV.

(Séptimo día de navegación y parece que hubieran pasado cien años, piensa sor Dómina, que desde hace tres está en un sinvivir, obsesionada con la visión del órgano viril de Vitus Lafontaine, enhiesto y mirándola fijamente. Y para acabar de empeorar las cosas, sor Fina de Karabo ha decidido sustituir las charlas teóricas por las clases prácticas en la abarrotada bodega de carga).

-Comenzaremos hoy con la primera lección práctica: ¿Qué es una polla? ¿Para qué sirve? Mantenimiento y revisiones periódicas que precisa para un óptimo funcionamiento durante su vida útil. Pero, primero, a ver esos deberes: ¿Cuántos deditos os habéis hecho ayer?- interroga sor Fina a las novicias. Sor Dómina y sor Frígida, en atención a sus votos, a los que aún no han renunciado, están exentas de prácticas, pero han de acudir a clase. Sor Angustias ha pirado, como de costumbre.

-Tres…y no fueron cuatro porque me dormí. Es que estaba reventada…-exclama Marina con orgullo, lanzando una mirada retadora a sus compañeras, pero le cortan el vacilón enseguida.

-¡Ji ji ji! Cinco –Angélica-. Siete –Amelia-. Ocho, nueve…¡Dieciséis!- La puja al alza tiene una clara y ojerosa vencedora: Patricia, que mira de reojo a sor Dómina, temerosa aún de la reacción de la madre superiora. Pero ésta tiene la cabeza gacha y oculta su desconcierto tapándose la cara con las manos, horrorizada.

-Bien, bien…muy bien. Pero no hace falta practicar hasta la extenuación, ¿entendido? No conviene que el clítoris se irrite y hay que tener mucho cuidado con las uñas, mis queridas y entusiastas acólitas. Además, hay que dormir y descansar bien…que falta os hará de aquí en adelante.

Mientras tanto, fray Tipi se mantiene en un discreto segundo plano, cediendo todo el protagonismo a su compañera, y a la espera de que sean requeridos sus “servicios”. Aburrido, se entretiene en tirarle los tejos a una turbada sor Frígida, a la que un color se le va y otro se le viene ante las descaradas insinuaciones del comisionado del Concilio Ecuménico.

-“¡Jesús, María y Spock, qué desvergüenza! Es que no para de contonearse…y ahora, encima, me mira con descaro. ¿Y eso que hace con la lengua? Pero qué bien le quedan las mallitas ajustadas al condenado. ¡Uf, me estoy poniendo mala!”- piensa la Frigi, que se relame de gusto al recordar la sesión de nueva disciplina ecuménica a la que ayer fue sometida. Se frota las nalgas, aún doloridas, y…un codazo en las costillas, acompañado de una inquisitiva mirada de sor Dómina, la devuelven a este mundo.

-“¡Menuda zorrita está hecha la Frigi! Vamos, que nada más echarle la vista encima, supe lo que le hacía falta para que se desmelenara”- piensa mientras tanto fray Tipi, convencido de sus prodigiosas dotes psíquicas, capaces de convencer a un muerto -…perdón, una muerta- para que se levante de su tumba y se la chupe. Por algo lo llamaban “Rompebragas” en el barrio, antes de vestir los hábitos.

Mientras sor Fina termina de explicar la práctica de hoy –“la polla y los cinco sentidos”-, fray Tipi se entretiene rememorando el tórrido encuentro con la Frigi. Con un poco de labia ecuménica, y un mucho de morro barriobajero, convenció a la sor para probar el látigo multiorgásmico ACME –que no deja marcas y estimula el centro cerebral del placer hasta extremos casi insoportables, como bien reza la propaganda del producto- en una sesión de penitencia por sus pecados. Lo jodido fue convencerla de que antes debía desvestirse. Pero como al bueno de Tipi no hay chochito que se le resista, solventó el problema apagando la luz de la habitación de pasajeros VIP. Lo que la monjita no sospechaba es que se había puesto sus lentillas de visión nocturna.

Con lo que no contaba es que la Frigi estuviera tan buena. ¡Con lo que a él le ponen las jamonas pechugonas de generoso pandero! Como que se le fue la mano con el látigo…y claro, la Frigi lo pagó con media docena de orgasmos de los bestias. Y ya puestos, cuando la polla de Tipi le rozó –por accidente- los labios, se apoderó de ella en un acto reflejo involuntario. Que lo dejase seco, sin desperdiciar una sola gota, es lo que aún no tiene muy claro el fraile…pero ya se sabe que los arrebatos místicos de las que prueban por primera vez el látigo multiorgásmico son de temer.

-¡Fray Tipi, despierte! ¿En qué estaba pensando? Acabo de decirle que se quite las mallas y se tumbe en la camilla para comenzar las prácticas. Y no hace falta que siga sobándose distraídamente la polla…creo que así está bien.

 

 

 

 

 

 

ESCENA XV.

(Mientras las novicias examinan con lupa cada una de la venas, pliegues, y ese antojo tan mono que tiene justo al final del frenillo, de la polla de fray Tipi –examen visual-; comprueban la granítica dureza del tronco y la delicada suavidad del glande –examen táctil-; aspiran el delicado aroma de las gotitas que ya asoman en la puntita –examen olfativo-; oyen el casi imperceptible crujido que acompaña a un delicado apretón de huevos –examen auditivo…que está a punto de convertirse en ensayo de rotura, debido al ímpetu de una ansiosa novicia-; hasta que, por fin, cuando sor Fina les da permiso, se lanzan como buitres a la cata del nabo…Decía, que mientras estos sucesos tiene lugar en la bodega de carga, dos niveles más abajo, sor Angustias y Lucilla revuelven el equipaje de las monjitas).

-¡Aquí está la prueba!- exclama eufórica sor Angustias, enarbolando unos ajados y polvorientos folios, que entrega a continuación a Lucilla.

-¡Ja ja ja! Es tremendo, buenísimo. Gracias a mi sofisticada programación, puedo apreciar el humor de unas letras tan “mal” escritas y la ternura con la que trata a un personaje con el que me identifico. ¿Y dices que “Petri Woman” es un manuscrito inédito de G. Karabo? No me lo puedo creer.

-¡Todo mentira! A principios del siglo XXI no existían las androides sexuales, luego el personaje en cuestión resulta profético. Además, la leyenda de que su autora fue quemada por los talibanes en la hoguera de fotones –aunque se lo merecía, la muy bruja-, es una leyenda sin base científica. Las hogueras fotónicas no se inventaron hasta trescientos años después. Y tenemos este otro cuento, escrito a los noventa años, dedicado a los miembros de cierto foro Proyecto Arte…una célula subversiva, seguro. Lo que está clarísimo en el relato que has visto, leyendo entre líneas, es que la autora era un prototipo de los primeros androides construidos por los Mecanos de la Primera Era.

-¿Tú crees?- El morrito que pone Lucilla, al hacer el agudo comentario, pretende ser de pasmo y consternación, pero la verdad es que, a un observador imparcial, le parecería más bien el morro de una mamona de campeonato, a punto de hacerle el pijama de saliva a una polla imaginaria. Son los inconvenientes de una programación exclusivamente sexual.

-¡Por las Leyes de la Robótica Asimoviana, claro que sí! Y te digo más…esa sor Fina, pretendida descendiente suya, es una impostora. Me da en la nariz que se trata de una hereje mecana. Habrá que vigilarla estrechamente.

-Con estrechamente…¿Se refiere a muy estrechamente, sor Angustias? Por mi ya sabe que ningún problema. Y si me dice que la vuelva loca con la mamada de chichi especial de la casa, le prometo que se pasa el resto del viaje en coma orgásmico. ¿A fray Tipi de Cosobi también tengo que vigilarlo…estrechamente?

-No hace falta. A ese pichabrava, en cuanto le echen la mano encima las novicias, se lo meriendan en dos holodiarios espaciales- concluye sor Angustias, muy satisfecha con el cambio de programación de Lucilla. Esto se merece celebrarlo con un buen bocata de chorizo…Algún gustazo hay que darle al cuerpo de vez en cuando, ¿no?

ESCENA XVI.

(Pasillos de la Delicious (.) G, con Fray Tipi intentado dar esquinazo a tres novicias en celo).

-¡Fray Tipi, porfa, espere! Nada, que éste nos quiere dejar hoy sin clases particulares. Patricia, tú por el corredor de servicio. Angélica, tú registra la bodega y yo me ocupo de las habitaciones VIP- ordena Amelia, la estratega del grupo, con la esperanza de ser ella la que cace al huidizo fray Tipi y tener una clase particular para ella sola. Mañana es el examen de posiciones horizontales básicas y quiere sacar buena nota.

-Habló la lista. Las habitaciones VIP para ella y los pasillos grasientos para nosotras. De eso nada- protesta Angélica, que se huele la tostada.

-¿Tienes tú los códigos de acceso, guapa?- contesta Amelia con chulería, haciendo tintinear las placas de códigos en el bolsillo de su mono-hábito de novicia, igualito al de las sores, aunque un poco más entallado en las caderas y que realza sus naturales encantos con una ceñida banda alrededor de las tetas.

Media hora después –nanosegundo arriba o abajo, debido a la distorsión que crea en el espacio-tiempo la estela iónica de la nave-, Amelia tiene acorralado al pobre fraile. Este duda entre abrir la exclusa de emergencia y saltar al vacío sideral, o hacer frente, por vigésimo quinta vez en tres días, a una novicia presa del furor polvo-redentor. Al final triunfa el sentido común…porque no queremos que esta bonita historia termine de forma tan dramática, ¿verdad?

-Venga, Fray Tipi, un polvo rápido y le juro que no le digo a nadie dónde está escondido. Así puede dormir toda la noche de un tirón y estar fresco para el examen de mañana-, argumenta Amelia, ante un fraile que se estremece al pensar en lo que le espera mañana. –Si se porta bien, le dejo estrenar mi culito-

La sola mención del culito, la oscura –nunca mejor dicho- obsesión de fray Tipi, obra el milagro de reanimar el exánime apéndice que cuelga entre sus piernas.

(Y me perdonarán ustedes por cortar la secuencia y pasar a la siguiente escena, pero no me consta que las novicias sean mayores de edad…y no está el horno para bollos con las lolitas).

 

ESCENA XVII.

(Dormitorio comunal de las monjitas. Noveno día –noche- de viaje. Allí no pega ojo nadie…salvo sor Angustias, que resopla como un búfalo –especie extinta de la vieja Tierra, pero que la mitología popular se empeña en asociar con la apnea del sueño-. Las novicias se traen un trajín de manos y aparatos a pilas que no es normal…incluso sor Frígida ha sucumbido a la tentación, ¡qué vergüenza!)

Pero eso no es lo peor, tiene que reconocer al fin sor Dómina de la Vega, a la que atormentan visiones de pollas descomunales y la no menos perturbadora imagen de Vitus…en la cama…desnudo…con una polla no tan exagerada como las de sus visiones…pero mucho más apetitosa…-¿Pero en qué estás pensando, pervertida?- termina por recriminarse a sí misma sor Dómina.

“Aunque, pensándolo bien, ¿no me he pasado casi veinticinco años cumpliendo a rajatabla los votos impuestos y obedeciendo las órdenes de la jerarquía de la orden? Pues ahora, ésa mima jerarquía me ordena lo contrario: convertirme a marchas forzadas en un putón espacial y convencer a base de polvos a cuanto hereje, ateo o agnóstico me tropiece por estos mundos de Dios. Si me lo llegan a decir hace quince días, no le lo creo. Pero tampoco me hubiera creído que existiera alguien tan arrebatador como Vitus. ¡Ah, Vitus, querido! ¿Dónde estás?…Eso…¿Dónde está?…Hace tres días que no le veo el pelo y…¡Esa bruja de Lucilla! Seguro que me lo está matando a polvos, el engendro mecánico con tetas del demonio”.

Así que, ni corta ni perezosa, sor Dómina se levanta del catre cuartelero, se atusa el salto de cama, que ahora es obligatorio para dormir –un escándalo de simil-seda en tonos fucsia, que deja las tetas casi al aire y, por abajo, apenas llega a tapar el chochito…sin bragas, por supuesto- y se encamina hacia el camarote del capitán, dispuesta, si se tercia, a echar a patadas de allí a la androide. -“No sabe esa cosa con quién se la juega, que una es una es muy formal y educada…hasta que me provocan y dejo de serlo…cacho puta –perdóname, Señor-. Porque tampoco estoy tan mal a mis casi cuarenta años -¿casi?, vale, mejor lo dejamos estar-. Sólo había que ver lo contentos que estaban los mineros de Deimos…¡ji ji ji! Pues eso, que aún me queda mucha guerra que dar…y si hay que sacrificarse, que sea primero con Vitus”.

-Vitus, ¿duermes? ¿Puedo pasar?- Lo malo es que esto último lo ha dicho después de abrir la puerta del camarote –Vitus nunca cierra con llave- y casi mata del susto al desprevenido piloto…que no, no duerme. Está desvelado y melancólico, observando el profundo espacio exterior –tan negro como su ánimo-, tachonado de estrellas –tan brillantes como el recuerdo de su adorada Domi-…mientras se tienta la polla con desgana.

-¡Joder, Domi! ¿Eres tú realmente o es que me ha sentado mal el seudohabano que fumé después de la cena?- La polla de Vitus, mucho más lista que su dueño, ha reconocido a Domi y se despierta dando saltos de alegría.

-Estás solo…- Elemental, mi querida Domi. Si no hay nadie más, lo realmente milagroso sería que no estuviera solo, responde su chocho por ella, que ni se ha fijado en el tejemaneje que se traen las sábanas a la altura de la entrepierna de Vitus. Ella no, pero su chochito sí.

-Ya ves lo mal que me sientan las excursiones a Deimos en compañía del clero. Cinco días a palo seco…vergonzos…

Sustituyamos la O que falta por la pasmada expresión e incrédulos ojos Vitus, presa de convulsiones al comprobar que el salto de cama yace a los pies de Domi. Los mismos pies que la encaminan derechita a su cama.

-Me vas a tener que hacer un favor, querido Vitus.

-¿Uno solo? Que te has creído tú eso. Media docena y que no se hable más. Pero antes, déjame que recree un poco la vista, a la luz de las estrellas.

-¡Qué vergüenza, por Dios!- pero se gira, saca pecho, mete tripita –poca tripita-, levanta el culo, junta las rodillas y las flexiona ligeramente, tal como ha visto hacer a sor Fina.

Siguiendo las recomendaciones de su instructora de combate, Domi se humedece los labios, toma aire y se dispone a acomodar la polla de Vitus entre la lengua y el paladar, pero éste la detiene, tumbándola a su lado y besándola con dulzura. Eso la descoloca. Sor Fina las ha instruido a conciencia sobre todos los aspectos del sexo –en su caso sólo teóricamente, claro-, pero se ha olvidado de las caricias y los besos. Justo lo que está haciendo Vitus ahora…y están ricos, ricos.

Se sobresalta cuando una lengua pugna con insistencia con sus dientes –se acuerda de la tal Brenda, metiéndosela a Vitus hasta la garganta-, pero dura sólo un instante. Se le escapa un gemido de frustración, al desistir él en el intento, pero es sustituido por un escalofrío, al posarse en su cuello. Se retuerce de gusto y chilla como una loca, con el suave mordisco en el lóbulo de la oreja y la húmeda calidez de la lengua en su oreja. ¡Dios, que no pare!

Los pezones se le han puesto tiesos y duros…casi tan duros como la polla de Vitus, que aún mantiene bien sujeta en su mano. Antes muerta que soltarla.

Ahora es ella la que se lanza sobre Vitus, levanta su cara con una mano –con la otra inicia el rítmico vaivén que le ha vista hacer tantas veces a sor Fina sobre la polla de fray Tipi- y asoma tímidamente la punta de la lengua. La timidez le dura poco, lo justo hasta que la lengua de Vitus tropieza con la suya. A partir de ahí, procura seguir el ejemplo del putón verbenero de Deimos.

“¡Joder con la monjita! Control y no la cagues, Vitus. Generaciones de viajeros espaciales te contemplan, y hay que dejar el pabellón de los Lafontaine bien alto. Pero como me la siga meneando así, va a ser que no”.

Hábil en recursos, nuestro intrépido capitán opta por emigrar al Sur, encaminando el rastro de saliva hacia las más altas cumbres y espesas selvas. El ascenso a los “cinco miles gemelos” –no son ocho miles, ni falta que hace- es deliberadamente lento, zigzagueante y muy, muy húmedo. Así que, al plantar la bandera en la cumbre…o quizás porque un dedo acaba de tropezar con el cofre del tesoro en mitad de la selva, se desata una tormenta con aparato eléctrico.

-¡Ay, por Dios! Para, para que me da mal. Sigue, así, así, asiií. ¡Uy, ay, santa Genoveva! No, sí, para,¡Jesús!, sigue.

Evidentemente, a Domi le falta práctica en estos menesteres y emite señales confusas, que el bueno de Vitus ignora olímpicamente y sigue a lo suyo…ponerla como una moto y hacer el trauma del desvirgue lo más llevadero posible.

 

 

 

***

CONTINUACIÓN DE LA ESCENA XVII

No es como se imaginaba. Está claro que no. Vitus Lafontaine ha desvirgado cientos de veces a Lucilla. La fantasía sexual que siempre le ha puesto a mil ha sido romper esa barrera de resistencia, como el gran guerrero, armado con su lanza, que asedia, invade y finalmente conquista el territorio virgen de cuadrante exterior del universo desconocido. Le encanta esa sensación. Como el explorador intrépido que consigue llegar donde nadia ha llegado, tocar lo que nadie ha tocado antes… Y plantar su bandera en la cumbre. Sí.

Pero en Lucilla la rotura del fino himen de simil-piel regenerado no causa las mismas reacciones que en la mujer que tiembla como una hoja bajo su cuerpo. A pesar de que ha sido ciertamente delicado sabe que no ha podido evitar hacerle daño. Lo demuestran esos lagrimones que se escapan de los bellos ojos de la Dómina. Los retira suavemente con los dedos, la besa con dulzura y le susurra:

-Eres tan jodidamente… bonita, Domi, que das miedo.

Y sigue besándola ahora con mucha más pasión, un beso hambriento, ansiando saciarse dentro de esos labios jadeantes de la deliciosa lengua que se presta a recibir la suya.

 

No, no es como se imaginaba. Está claro que no. Sor Dómina de la Vega pensaba que sería completamente distinto. Las enseñanzas de Sor Fina la prepararon para algo vicioso, algo sucio a la vez que excitante, y sabía que sería doloroso. Estaba prevenida para ese dolor físico agudo y profundo, pero no para ese dolor amargo y mucho más profundo que siente arraigándose en su pecho por culpa de las dulces caricias y palabras del comandante.

Sus pezones rozan el vello del pecho del hombre y ella se vuelve a estremecer, y mucho más cuando el empieza a moverse despacio y sigue mirándola de esa manera tan… perturbadora. No quiere que le mire.

-¡Aparta!-le empuja la Dómina con el rostro tan encendido como su coño.

-¿Pero qué..? ¿Te duele demasiado? -se preocupa Vitus.

-No, ssshhh… prefiero que cambiemos de postura -indica la sor, jadeante, con una media sonrisa en su cara y la polla del hombre en la mano, sin soltar la presa. Vitus la mira un poco pasmado-. Méteme esta hermosa polla hasta el fondo y móntame a lo bestia…

Y se coloca a gatas sobre el lecho, contoneando las caderas, provocando más si cabe a la rígida lanza del conquistador, que añora volver a clavarse en esa caliente y estrechita carne.

-Y luego quiero hacerte una felación, o sea, una mamada, chuparte la polla hasta que te corras en mi boca, quiero probar el sabor del semen de un hombre, esa leche calentita y sabrosa de la que todas hablan… y… que me inicies también en el sexo anal, que mi culito es tan virgen como mi coño, y deseo que… Aaaaahhhh.

Y claro, ella ya no dice nada más, porque Vitus no necesita más insistencia, y bien agarrado a sus caderas, se la mete efectivamente hasta el fondo. Sus manos se alternan en acariciar el hinchado botoncito y en sobetear los pechos bamboleantes, empeñado en proporcionar el mayor placer posible a la sor, mientras continua embistiendo por detrás, ansioso por acelerar el ritmo y correrse ya -que poco va a poder seguir reteniéndose si sigue así, que hace varios días que ni folla ni se pajea y en sus huevos se cuece, como en una cámara de magma, una intensa erupción prevista próximamente, rios de semen ardiente que no pueden esperar a ascender por la chimenea hasta el cráter del volcán.

-Domi, cielo -le susurra sin dejar de moverse- me voy a correr dentro de nada, es normal que tú no te corras en l…

-¡Joder, Vitus! ¡Hijo de Puta! ¡Santa Justa y Rufina te colmen de dones! ¡No te pares ahoraaa! ¡Me corroooo! ¡Cabronazo, sigue! ¡Bendito seas!

Y Vitus, obediente, no se para ni en sus embistes ni en su meneo del dedito en el clítoris de la mujer, que aulla como un lobo -especie animal extinguida en la tierra, que, entre otras cosas como comerse a Caperucita, se dice que aullaba.

Y el volcán entra en erupción, imposible detenerse ya, la presión acumulada estalla ante las contracciones intensas del chichi jugoso de la Domi. Chorros y chorros de material piroclástico seminal se alternan entre las bendiciones y maldiciones que vocifera la sor en pleno éxtasis.

 

***

 

 

ESCENA XVIII

 

Simultáneamente a la escena del compartimento del comandante, esa noche en la D (.) G hay otros dos cuerpos en movimiento que no duermen. Entre las cajas apiladas en la bodega de carga, Lucilla, escamada por lo que le ha comunicado Sor Angustias, vigila estrechamente a Sor Fina.

De hecho la tiene bien estrechada, apoyada en una de las cajas, asiéndola de ese hermoso culazo de impresión , con la cabeza sumergida entre sus piernas kilométricas.

Y Sor Fina agita su melena pelirroja y jadea de nuevo convulsionándose de placer. Otra vez, otra, sí, otra, y es que van quince corridas ya simultáneas.

Lucilla asoma la cabeza entre sus rodillas, se limpia los labios con el dorso de la mano y la mira con cierta suspicacia.

-¡Increíble! -suelta la rubia robótica con los circuitos consternados por la incapacidad de procesar y analizar tal capacidad multiorgásmica en una humana-. No, cacho putón verbernero, a mí no me engañas. Tiene razón Sor Angustias en sus sospechas sobre ti. No puedes ser humana. ¡Eres una hereje mecana con programación sexual para distraernos y confundirnos, y tu verdadero propósito es hundir nuestros planes de liberación robótica!

-Bueno, sí. Sí y no. ¿Sor Angustias te ha dicho que es un robot? Sí, claro, es de suponer, su prototipo de fabricación es de los antiguos, de segunda o tercera generación, uno de los primeros en cubrir los polímeros de acero con multiplicación celular de piel, tal vez por sea por eso. Probablemente uno de los sensores de procesamiento de su disco duro esté fallando. Puede ser que sea eso… No debería saber lo que sabe… a no ser…

-¿A no ser quéeee? -pregunta la robot cada vez más aturdida, y a punto de cortocircuto de la tensión.

-Que Sor Angustias lo haya descubierto por un texto antiguo virtual del foro Proyecto Arte, ese mismo texto que cayó en mis manos… una revelación de mi antepasada G. de Karabo y… de ese -ahora susurra, con un hilito de voz- de ese Masulokunoxo.

-¿Ese Masulo..? Oooooh… – Lucilla se levanta asombrada de un salto-. ¡Ese hombre es una leyenda! Nadie cree que haya existido a no ser en la truculenta imaginación de ciertos lectores pro-mormotalibanes terribleros de su época… Un mamonazo, malas pulgas y un cabrito, según dicen las malas lenguas… y un encanto de persona, según afirman las buenas lenguas… Vaya usted a saber, pero un insigne autor de su época.

-Pues sí, probablemente ambos eran prototipos especiales que viajaban en la curvatura espacio-temporal de la galaxia, desde nuestra época al siglo XXI, de ahí sus amplios conocimientos sobre nuestro mundo en su propia época.

-Pero no comprendo nada -murmura de nuevo Lucilla-. Ellos eran robots, Sor Angustias es un robot, tú eres un robot, yo soy un robot…

-Y todos lo somos, cielito -Sor Fina acaricia los pezones enhiestos de Lucilla, le mete un dedito en el chichi y continúa explicando-. Desde hace mucho tiempo que los humanos han ido mejorando su aspecto, al principio por un ritual de seducción: prótesis de silicona en los pechos, en el culo, implantes de colágeno en los labios, alargamientos de pene… Luego se puso de moda el implante neuronal, para aumentar la memoria, la capacidad sensorial, la inteligencia… Los humanos llegaron a transplantarse brazos cibernéticos para ser más fuertes, piernas de acero policromado para ser más rápidos… Hasta que finalmente los cuerpos quedaban cosificados practicamente al 90%.

-Pero aun así, seguían siendo humanos.

-Sí, eso es cierto. Pero lo que no sabe nadie es que la epidemia Kikikomori se extendió por toda la población, no solo afectó a los japoneses, afectó a todos los humanos, y mientras más humanos, más susceptibles de enfermar y morir. Sobrevivieron los… menos humanos y sin capacidad de reproducción. Entonces, a partir de ahí, pues se elaboraron "nuevos humanos" en laboratorios especiales, con características… muy humanas, y al final fueron tan jodidamente parecidos a los humanos, que ellos mismos se consideraron humanos.

-Entonces… ¿ya no existen los humanos? ¿No hay humanos? ¿Todos somos mecanos?

-Pssss, hay ciertos humanos "vivos" aún. Un tal Walt Disney que se conserva desde el XX en estado de criogenia. Se dijo que en un momento dado se le pretendía sanarle y volverle a la vida, pero la Pixal Holo-Entreteiment puso el grito en el cielo. Asímismo ocurrió con ese tal J. F. Kennedy. La empresa Telefónica de comunicaciones interespaciales se acojonó en cuanto corrieron rumores de que lo descongelaban como a una verdura hidropónica, vete a saber por qué. Aunque claro, la Telefónica suelen ser el chivo expiatorio de cualquier conspiración, y más ahora que la empresa está en manos de los mormotalibanes.

-Entonces… ¿Nuestra liberación contra el humano represor? ¿El barco a Venus? ¿La profecía de los Mecano? -solloza Luci, angustiada por las revelaciones, pero extasiada por los tocamientos expertos de Sor Fina, que ya mete tres deditos y con el pulgar masajea el clit con destreza.

-Pues hija… qué quieres que te diga… Supongo que es una simple lucha de clases, como ha existido desde el principio de los tiempos. Robot proletario contra robot propietario. Simplemente eso.

-¿Y la misión evangelizadora del polvo redentor? -sigue preguntando Lucilla, ya en pleno éxtasis al introducir Sor Fina sabiamente varios deditos de la otra mano en el ano.

-Pues es importantísima. Los mormo-talibanes pretenden alterar el comportamiento de cuantos cyborgs infecten con un virus, y hacerlos adeptos a su causa. Les convierten en ignorantes esclavos de sus intereses, por lo que debemos propagar el conocimiento de los hololibros, aunque nuestra misión secreta es propagar cierto antídoto… un antivirus NortonXX de transmisión sexual, sí, que evita que su discos duros sean manipulados por los mormo… Y ahora, Luci, bonita, ponte mirando pa’ Urano, que te voy a dar tan fuerte por el agujero negro, en cuanto me ponga el arnés, que vas a ver las estrellas supernovas sin estar en la cabina de mando.

****

 

Escena XIX

Fray Tipi, huyendo de las novicias, ya que debe estar preparado para el examen final horizontal del día siguiente, permanece escondido dentro de una de las cajas de la bodega.

No puede creerlo. ¿Todos robots? ¿Yo también? Anda ya… Sor Fina le aseguró hace unos momentos que X69 se había comunicado con ella, y le había dicho que a la pobre Sor Angustias se le iba la olla, demencia senil, seguramente, ya que pensaba que era un robot… Que X69 le seguía la corriente y que, para no alterar a la monjita majara, todos hicieran lo mismo, además de complacerla con un chorizo de vez en cuando…

Claro, Sor Fina le ha mentido a Lucilla para que no altere a Sor Angustias… ¿O será que Sor Fina le ha mentido a él, para que no se altere, y es cierto que tooodos soooomos robooooots?

Bip-bip-bip… Biiiiiiiiiiiiiiip…

Fray Tipi necesita el consuelo, la sabiduría -y el cuerpo serrano- de Sor Frigi. Así que prepara una sesión de sado episcopaliano interestelar a la que la hermana no podrá resistirse. Si es cierta la versión de Sor Fina -se dice Fray Tipi de Cosobi, excitado- mientras más antídoto tenga Sor Frigida, más protegida estará de ese virus mormo-talibán. Y él está dispuesto a inocularle antídoto a borbotones por todos los agujeritos disponibles de la monja, incluídos los de la nariz.


 

ESCENA XX

Vitus Lafontaine saborea uno de sus puros inclasificables, aromapestosos, con una sonrisa radiante en su cara. Sor Domi le agarra el puro y se lo lleva a la boca -no ese no, el que se fuma, malpensado- y da una pequeña calada, a la que prosigue un estallido de tos.

-¿Tú fumando?-se pasma el piloto.

-Y follando… que para todo hay una primera vez -le contesta Domi con una carcajada.

-Lo que no entiendo es por qué…¿Por qué este cambio de actitud, preciosa? No has podido resistirte a mis encantos viriles y a mi hermosa polla de lujo, ¿verdad? Jejeje

Sor Dómina mira el puro y la sonrisa de sus labios desaparece.

-Mira este puro. Es como la vida. En cuanto menos te lo esperas, se consume y sólo quedan cenizas. Yo he dedicado una buena parte de mi vida a la congregación y esos años… esos años ya son cenizas. Pero no sé hacer otra cosa. Prometí ser fiel a mis votos y cumplir con mis obligaciones como madre superiora y como monja. Ahora mis superiores han cambiado profundamente los fundamentos de mi orden, pero tengo que adaptarme y desempeñar mis servicios a mi comunidad, me guste o no. El celibato y la castidad eran un sacrificio que me dispuse a acatar con empeño. Esto de la doctrina del polvo redentor viene a ser lo mismo, aunque al revés.

-¿Uun sacrificiooooo? No jodas, Domi, guapa, que de sacrificio nada, que has gritado como una loca y te has corrido al menos cuatro veces. ¡Y dame el puro! ¡que te vas a atragantar otra vez!

-Hombre… Si no te digo que no haya estado mal, que ha estado muy bien, genial, por eso te elegí a ti para ser el primero. Quiero estar bien preparada para el examen horizontal de mañana. En poco tiempo me ganaré las cinco estrellas, mención de honor a las superfolladoras de la nueva orden Teresiana de las Guarras de las Galaxias.

-¿Te presentas al examen? ¿Vas a estar folleteando por esos mundos con todo bicho viviente o mutante que te encuentres? Si es que… en cuando te eché el primer vistazo pensé que eras un zorrón, pero no hasta este punto…¡Eres un zorrón, un pendón, un putón, y un… un… todo lo que acabe en -ón!

-¡Todo, menos cabrón! ¡Que menudo cabrón estás hecho tú! ¡Por todos los santos de Veracruz del Valle de Neptuno, protectores de las almas bandoleras y perdularias! ¿Pero tú te has pensado que por haberme desvirgado me habías puesto el sello de propiedad? ¿Tú no querías que fuese un zorrón? ¡Pues soy un zorrón! ¡Pero no un zorrón en exclusiva para ti! ¿O habías pensado que sí?

-Pues… Sí.

-Pues es que no.

-Joder, Domi. ¿Te has preguntado por qué me he quedado encerrado en mi cabina de mandos mientras las jovencitas novicias andaban a la caza y captura de polla? Pues… Pues el caso es que yo me lo estoy preguntando ahora. Vaya gilipollas he sido. ¿Mañana te presentas al examen? ¡Pues yo también! Me ofrezco como benemérito cuerpo voluntario para evaluar a cuantas novicias se presten a ello. Me las pienso tirar a todas y ante tus propios ojos. ¿Qué te parece?

La ira es un pecado capital, y en este preciso momento todos y cada uno de los poros de la piel de Sor Dómina de la Vega rezuman el veneno del pecado, ese que destruye la gracia del alma y la avocan a la condenación eterna.

Si Santo Tomás de Aquino está en lo cierto, y la desmembración es el castigo impuesto en el averno para el pecado de la ira, tanto la sor como el comandante se nos quedan a cachitos.

Los ojos de la Domi echan más chispas que el motor de reacción de acoplamiento fotónico de la nave. Salta de la cama, y mira alrededor buscando algo.

-¿Buscas esto? -Vitus le muestra el salto de cama, balanceándolo-. Muy apropiado. Color furcia.

Si las miradas de la Domi mataran, como esas del Mazinger Zeta con los rayos láser, el pobre Vitus estaría fundido y humeante. Dómina de la Vega se pone el salto de cama y se dirige a la esclusa de la cámara del comandante como un búfalo -animal que además de resoplar, solía correr en embestidas.

-Tú sí que eres un putón -murmura la Domi antes de salir como… como un búfalo, sí.

-Y tú una cabrona -contesta Vitus, también entre dientes, resoplando como… como un búfalo también, sí.

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